emprendedoras. Como objetivos específicos se plantean diagnosticar el nivel de
educación financiera, caracterizar los emprendimientos, identificar las prácticas de
gestión financiera y determinar la relación entre ambas variables.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sostiene que la
educación financiera busca dotar a las personas de conocimientos y habilidades para
administrar adecuadamente sus recursos, alcanzar metas económicas y reducir el
estrés asociado a problemas financieros. Asimismo, contribuye a fortalecer la resiliencia
financiera y la estabilidad económica (OECD-INFE, 2020).
La educación financiera comprende conocimientos, habilidades y actitudes que
permiten tomar decisiones responsables sobre el manejo de los recursos económicos.
Su evolución ha trascendido el ahorro individual para incorporar la planificación
financiera, el manejo del crédito, la inversión y la gestión del riesgo. Estudios recientes
la vinculan directamente con el emprendimiento y la inclusión financiera, especialmente
en poblaciones vulnerables (Baquero & Sanchez, 2025). Desde la crisis financiera de
2008, organismos internacionales han impulsado programas dirigidos a
microempresarios, destacando que estas competencias mejoran la asignación de
recursos, la resiliencia empresarial y el empoderamiento económico de las mujeres.
Paralelamente, la investigación sobre emprendimiento femenino ha evolucionado desde
el análisis de las barreras hacia la identificación de factores que favorecen su éxito, entre
ellos la formación, el acceso al financiamiento y la educación financiera. Los
emprendimientos liderados por mujeres generan beneficios económicos y sociales al
contribuir al bienestar familiar y comunitario, aunque continúan enfrentando limitaciones
estructurales que afectan su crecimiento. En consecuencia, su sostenibilidad depende
en gran medida de la capacidad para gestionar eficientemente los recursos y tomar
decisiones informadas.
Diversos autores coinciden en que la educación financiera debe promoverse desde
etapas tempranas, favoreciendo hábitos como el ahorro, la planificación presupuestaria
y la administración del endeudamiento (Jorge et al., 2021). En este estudio se asume
que la educación financiera constituye un proceso continuo que integra conocimientos,
actitudes y comportamientos orientados al fortalecimiento del emprendimiento,
especialmente en contextos de recursos limitados.
El emprendimiento se entiende como una actividad basada en la identificación de
oportunidades, la innovación, la creatividad y la capacidad de asumir riesgos calculados
mediante una adecuada gestión de recursos (Rojas et al., 2021). Todo emprendimiento
se sustenta en la interacción entre la idea de negocio, el capital y el emprendedor
(Almendariz et al., 2021). Desde esta perspectiva, el desarrollo empresarial no puede
analizarse de manera independiente de las competencias financieras, ya que estas
condicionan la sostenibilidad y el crecimiento de los proyectos.
El emprendimiento femenino comprende iniciativas económicas lideradas por mujeres
para generar ingresos, autonomía y desarrollo familiar. Su importancia radica en su
aporte a la generación de empleo, la innovación y el fortalecimiento de las economías
locales. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que el crecimiento de estos
emprendimientos depende más de las condiciones estructurales que del género,
destacando la influencia del acceso al financiamiento, la educación y el apoyo