En cuanto a las percepciones, estas son mayoritariamente positivas, los jóvenes no
rechazan activamente la música académica; más bien, carecen de experiencias
cercanas que les permitan integrarla a su repertorio cultural, por tanto, la distancia es
experiencial, no ideológica (Hernández-Sampieri & Mendoza, 2018). Dado que el
consumo cultural juvenil está intrínsecamente ligado a la identidad grupal (Buil Tercero
& Hormigos Ruiz, 2016), los mensajes racionales sobre beneficios cognitivos resultaron
ser los menos efectivos (12.0%). Por el contrario, los mensajes basados en la emoción
(47.5%) y la curiosidad (24.4%) demostraron ser significativamente más efectivos (Zhou
et al., 2024; Robaina-Calderín et al., 2023), ya que establecen puentes con referentes
cotidianos (videojuegos, cine, artistas populares), esto refuerza la necesidad de
estrategias de mediación que conecten ambos mundos (Miranda et al., 2017; Orozco,
2011), considerando además cómo factores como la tolerancia a la frustración influyen
en la disposición de los jóvenes a enfrentar nuevas experiencias culturales (Avilés
Fuentala et al., 2026; Guamán-Tacuri y Andrade Clavijo, 2026).
Estos hallazgos tienen implicaciones directas para la gestión cultural, la alta intención
de asistencia a un concierto gratuito (45.4% con alta probabilidad) revela que las
audiencias jóvenes no son inherentemente reacias al consumo cultural de élite, sino que
requieren estrategias de aproximación adaptadas a sus códigos y expectativas (Colbert
y St-James, 2014; Falk & Katz-Gerro, 2016; Vargas et al., 2025), en consecuencia, se
recomienda a las instituciones culturales y educativas de Ambato:
Priorizar la difusión digital en TikTok e Instagram, utilizando formatos cortos (<60
segundos) con fragmentos emotivos, testimonios de jóvenes músicos y datos curiosos.
Diseñar mensajes emocionales que establezcan puentes con referentes culturales
juveniles, desplazando los argumentos puramente académicos.
Implementar programas de "acompañamiento juvenil" desde las instituciones
educativas, facilitando la asistencia en grupos organizados para mitigar la barrera social
de "no tener con quién ir", estrategia que ha demostrado ser exitosa en otros contextos
latinoamericanos (Rodríguez-Quiles, 2011).
Capacitar al personal de taquilla y sala en la atención a públicos jóvenes, creando un
ambiente acogedor que reduzca el sentimiento de "sentirse fuera de lugar" (reportado
por el 19.4% de la muestra).
Finalmente, es necesario reconocer las limitaciones del estudio, al reducirse la muestra
a estudiantes de bachillerato de Ambato, los resultados no son generalizables a otros
contextos geográficos o demográficos. Se recomienda ampliar futuras investigaciones
a jóvenes fuera del sistema educativo formal y explorar con mayor profundidad las
dinámicas de grupo, el desafío es considerable: mientras Thornton et al. (2024)
identificaron que aproximadamente el 19% de los adolescentes británicos son
culturalmente "inactivos", en Ambato el 49.1% de los encuestados nunca ha asistido a
un concierto de música académica, lo que sugiere que las barreras de acceso e
información son aún más pronunciadas en los contextos latinoamericanos.
5. Conclusiones
La presente investigación tuvo como objetivo analizar las barreras de percepción y
diseñar un modelo de comunicación segmentada para incrementar la asistencia juvenil