1. Introducción
Actualmente, la situación de las personas que viven en las calles constituye un problema
social multidimensional, en el cual los derechos fundamentales del ser humano se ven
vulnerados. En el caso de la niñez en situación de calle, diversos estudios evidencian
que la exposición constante a condiciones físicas, emocionales y sociales adversas
limita significativamente su desarrollo integral (Barroso, 2008; Panter-Brick, 2002).
Asimismo, factores como la inseguridad, la discriminación y la exclusión social generan
dificultades en la integración y el bienestar, con consecuencias que pueden extenderse
hasta la vida adulta (Lucchini, 1996; Conticini, 2005; Gaona-Sánchez et al., 2025).
En este contexto, la problemática no responde a una causa única, sino a un conjunto de
factores estructurales interrelacionados. Entre ellos se destacan la pobreza, la
desigualdad en la distribución de recursos, el acceso limitado a servicios educativos y
de salud, así como la inestabilidad familiar (CEPAL, 2021; Kaztman, 2001). Estas
condiciones configuran escenarios de exclusión social persistente, caracterizados por la
precariedad en las condiciones de vida, la movilidad interna y la insuficiencia de políticas
sociales efectivas (Filgueira, 2001; Gutiérrez, 2013; Beazley, 2003; Rizzini, 2002).
A nivel regional, en América Latina, la niñez en situación de calle refleja procesos
históricos de desigualdad social. Investigaciones evidencian que estos niños desarrollan
estrategias de supervivencia en entornos urbanos complejos, generando redes de
apoyo informales que les permiten subsistir; sin embargo, estas no garantizan
condiciones adecuadas de bienestar ni un desarrollo integral favorable (Rizzini, 2002;
2014; Panter-Brick, 2002; Beazley, 2003). En el caso de Ecuador, factores como el
trabajo informal, la migración y las limitaciones en los sistemas de protección social
agravan esta problemática (Instituto Nacional de Estadística y Censos, 2020).
Desde una perspectiva psicosocial, la vida en la calle impacta de manera significativa
en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños. La exposición prolongada a
situaciones de violencia, abandono y negligencia afecta su comportamiento, aprendizaje
y estabilidad emocional (Hecht, 1998; Conticini, 2005). Además, la ausencia de vínculos
familiares estables dificulta la construcción de relaciones afectivas seguras,
fundamentales para el bienestar (Lucchini, 1996; Moser, 2010). Aunque desarrollan
mecanismos de afrontamiento, estos suelen ser temporales y pueden resultar
perjudiciales a largo plazo (Gutiérrez, 2013; Rizzini, 2002).
Frente a esta realidad, la educación y el acompañamiento psicosocial se constituyen
como elementos clave para promover la resiliencia, la inclusión social y la restitución de
derechos. En este sentido, diversos estudios coinciden en la necesidad de implementar
políticas públicas integrales que fortalezcan la inclusión social, el acceso a servicios
básicos y el apoyo familiar, con el fin de reducir los factores de riesgo asociados a esta
problemática (CEPAL, 2021; Filgueira, 2001; Kaztman, 2001; Moser, 2010).
En este contexto, resulta fundamental analizar no solo la problemática desde una
perspectiva estructural, sino también comprender cómo es percibida por los actores
educativos. Por ello, el objetivo del presente estudio es analizar las percepciones de los
estudiantes de tercero de bachillerato sobre la niñez en situación de calle, con el fin de
identificar el nivel de conciencia social y el rol de la educación en la comprensión de
esta problemática.