1. Introducción
En el escenario educativo actual, caracterizado por una movilidad internacional sin
precedentes y una globalización acelerada, la competencia comunicativa se levanta
como un pilar que es crucial para la integración académica y social. Históricamente, la
enseñanza de lenguas extranjeras ha pasado desde enfoques estructuralistas hacia
perspectivas más pragmáticas; sin embargo, la literatura científica reciente advierte que
el dominio léxico-gramatical no garantiza una interacción eficaz en contextos de
inmersión cultural real. Investigaciones actuales como la hecha por Lucena Jiménez y
Salvador Jiménez (2024), destacan que la Competencia Comunicativa Intercultural
(CCI) va más allá de la mera codificación lingüística, requiriendo una formación en
saberes, actitudes y habilidades críticas que nos posibiliten gestionar la alteridad y
negociar significados en situaciones de diversidad cultural. En esta línea, Hernández
Arcos et al. (2024) exprime que la didáctica intercultural es necesaria para reducir las
tensiones de la situación de choque cultural, implicando que si no existen estrategias de
mediación adecuadas todo lo anterior se reproduce en cuanto a barreras comunicativas
y posibilidades de la experiencia educativa internacional para integrarse (Guagchinga-
Chicaiza, 2025; Valverde-López & Ureña-Hernández, 2021).
Siguiendo este contexto, la Unidad Educativa Nuevo Mundo presenta una dificultad
específica derivada del ingreso de estudiantes de intercambio que provienen de
diferentes realidades sociales y culturales. Por un lado, la estudiante de origen brasileño
cuenta con una base lingüística románica, existiendo similitud léxica y estructural lo que
propicia una transición más fluida hacia el español, por otro lado, los estudiantes
alemanes y la estudiante polaca llegan a la institución con un bagaje lingüístico
insuficiente ya que presentan un dominio muy básico del idioma local, aunque con la
intención de aprender la cultura ecuatoriana desde cero (Yaranga-Rodríguez &
Yaranga-Rodríguez, 2024).
Ante esa evidente desproporción, la institución ha determinado el inglés como lengua
común en la mediación de la comunicación cotidiana de estos alumnos. Si bien el inglés
actúa como un puente transitorio y funcional, la observación pedagógica indica que
dicha "solución" técnica entorpece, paradójicamente, la intensa inmersión y el
aprendizaje de la cultura e idioma locales. Al refugiarse en un tercer idioma, los alumnos
extranjeros no consiguen aprehender expresiones coloquiales, normas de cortesía no
explícitas, ironías o matices pragmáticos, entre otras, que rigen la convivencia escolar
ecuatoriana. Antes bien, este uso del inglés produce una "burbuja comunicativa" que
conlleva a la incapacidad de entender la cultura local acabando por determinar que los
malentendidos se interpretan como frialdad o desinterés, en lugar de identificarse con
los elementos que constituyen las barreras culturales invisibles. De esta realidad surge
el problema científico que centra el presente estudio: no se aprecian definidas,
caracterizadas o documentadas cuáles son las barreras lingüísticas ni cuáles son las
barreras culturales específicas que condicionan, en los alumnos extranjeros bajo la
mediación del inglés, los elementos propicios para el desarrollo de la competencia
comunicativa (Masello, 2022; Susan et al., 2012)
Tampoco se tiene materialmente cuáles pueden ser los efectos de estas barreras en
sus procesos de adaptación, desempeño escolar o integración social real. La ausencia
de un diagnóstico crítico posibilita quitarse de encima el efecto que podrían tener estas