económico inmediato y la familiaridad con la marca. Esa interpretación es coherente con
estudios que muestran que la persuasión publicitaria combina factores sociales,
cognitivos y contextuales (Vanwesenbeeck et al., 2017). Los resultados de la presente
investigación señalan que las conductas impulsivas de compra en los adolescentes se
activan con mayor intensidad cuando intervienen señales de prueba social tales como
modas o tendencias y autoridad percibida, más que cuando el mensaje se basa en la
escasez o la estética del anuncio. Esta tendencia se observa en los puntajes más altos
obtenidos por la encuesta en: popularidad en redes, la afirmación por alguien con
experiencia y la presencia de famosos o influencers, lo que sugiere que la validez de la
fuente y la validación social funcionan como un recurso persuasivo de compra
especialmente efectivo en esta población. De acuerdo con Tan et al. (2021), sostienen
que las respuestas del consumidor se entienden como la interacción entre mensajes
heurísticos y su interpretación, de modo que el tipo de heurístico y la fuerza persuasiva
del anuncio afectan el reconocimiento de una marca y la conducta de compra.
De manera similar, (van Dam y van Reijmersdal, 2019) muestran que los adolescentes
por lo general se dejan llevar por el patrocinio de los influencers y solo reaccionan de
manera negativa cuando el fin comercial interfiere demasiado con el contenido, mientras
que (Zimand-Sheiner et al, 2020) evidencian que la publicidad nativa proveniente de
figuras de autoridad con la que se sientan representados puede ser percibida como
creíble y socialmente aceptable incluso antes de un razonamiento crítico. Del mismo
modo, la interpretación conductual de los resultados permite analizar la relación entre
publicidad, impulso de compra y beneficio inmediato, ya que los puntajes más altos se
concentraron en ofertas, descuentos, promociones tipo 2x1 o 3x2 y marcas anunciadas
reconocidas, mientras que la estética del anuncio tuvo un impacto significativamente
menor. Este patrón refuerza la idea de que la conducta de consumo impulsiva no se
activa solo por el reconocimiento de la marca o por la fiabilidad de la fuente, sino también
por la oferta llamativa, el ahorro visible y la gratificación inmediata.
En concordancia, (Muratore, 2016) encontró que los adolescentes con conductas de
compra impulsiva presentan una mayor sensibilidad a las rebajas, al prestigio y a la
relación calidad-precio, lo que confirma que el precio puede funcionar a la vez como
incentivo económico y como señal simbólica. A esta afirmación se suma (Juanim et al.,
2024), quien sostiene que el estímulo generado por un anuncio puede favorecer las
conductas de compra impulsivas mediante motivos que generen aprobación social o
gratificación instantánea, de modo que el anuncio no solo persuade, sino que despierta
sensaciones placenteras y satisfactorias al momento de adquirir cierto producto. En
contraste con estos estudios, la investigación realizada no mide la actividad cognitiva
detrás del impulso de la compra ni distingue perfiles impulsivos específicos; sin
embargo, destaca un matiz distinto al mostrar que entre los múltiples recursos
publicitarios la ventaja económica inmediata tiene más peso que la urgencia por escasez
o el atractivo visual. Este resultado ofrece una lectura más detallada del fenómeno, ya
que permite sostener que el consumo adolescente se moviliza con mayor fuerza cuando
la publicidad combina recompensa práctica y familiaridad simbólica.
A diferencia de otros estudios que examinan por separado las distintas herramientas
publicitarias como la alfabetización publicitaria, la compra impulsiva, la ética del formato
o el procesamiento del mensaje, el presente estudio aporta una visión generalizada que
permite jerarquizar dichas herramientas según el estímulo psicológico que genera en la