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Artículo Científico
Fundamentos teóricos de la Terapia de Aceptación y
Compromiso y sus aplicaciones clínicas: Revisión
narrativa.
Theoretical Foundations of Acceptance and Commitment Therapy and Its
Clinical Applications: A Narrative Review.
Muñoz-Palacio, Fernando Andrés
1
; Luna-Álvarez, Heriberto Enrique
2
; Villacreses-Añazco, María
Verónica
3
; Macias-Salinas, Valeria Abigail
4
.
1
Universidad Metropolitana Sede Machala; Ecuador, Machala;
https://orcid.org/0000-0002-4224-1772; fmunoz@umet.edu.ec
2
Universidad Metropolitana Sede Machala; Ecuador, Machala;
https://orcid.org/0000-0003-0553-2287; hluna@umet.edu.ec
3
Universidad Metropolitana Sede Machala; Ecuador, Machala;
https://orcid.org/0009-0002-1455-818X; maria.villacreses@est.umet.edu.ec
4
Universidad Metropolitana Sede Machala; Ecuador, Machala;
https://orcid.org/0009-0008-5326-2035; valeria.macias@est.umet.edu.ec
1
Autor Correspondencia
https://doi.org/10.63618/omd/isj/v4/n2/279
Resumen: La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) constituye una
intervención contextual-conductual orientada al desarrollo de la flexibilidad
psicológica. El objetivo del presente estudio fue analizar, a través de una revisión
narrativa de la literatura científica publicada en bases de datos especializadas, los
fundamentos teóricos y aplicaciones clínicas de la ACT. Se analizaron
investigaciones sobre el contextualismo funcional, la Teoría de los Marcos
Relacionales y los procesos de flexibilidad psicológica. Los resultados muestran que
la ACT es eficaz desde un enfoque transdiagnóstico para diversos problemas
psicológicos, destacando su impacto sobre la regulación emocional, el afrontamiento
del sufrimiento y la acción basada en valores. Se concluye que la ACT representa un
modelo terapéutico coherente con los avances contemporáneos de la ciencia
conductual contextual, aunque futuras investigaciones deberán fortalecer su
validación intercultural y aplicada en contextos latinoamericanos.
Palabras clave: Terapia de Aceptación y Compromiso; Teoría de los Marcos
relacionales; Flexibilidad psicológica; aplicaciones clínicas.
Abstract: Acceptance and Commitment Therapy (ACT) is a contextual-behavioral
intervention aimed at developing psychological flexibility. The objective of this study
was to analyze, through a narrative review of the scientific literature published in
specialized databases, the theoretical foundations and clinical applications of ACT.
Research on functional contextualism, Relational Frame Theory, and psychological
flexibility processes was analyzed. The results show that ACT is effective from a
transdiagnostic perspective for various psychological problems, highlighting its impact
on emotional regulation, coping with suffering, and values-based action. It is
concluded that ACT represents a therapeutic model consistent with contemporary
advances in contextual behavioral science, although future research should
strengthen its cross-cultural and applied validation in Latin American contexts.
Keywords: Acceptance and Commitment Therapy; Relational Frame Theory;
Psychological flexibility; clinical applications.
Cita: Muñoz-Palacio, F. A., Luna-
Álvarez, H. E., Villacreses-
Añazco, M. V., & Macias-Salinas,
V. A. (2026). Fundamentos
teóricos de la Terapia de
Aceptación y Compromiso y sus
aplicaciones clínicas: Revisión
narrativa. Innova Science Journal,
4(2), 380-400.
https://doi.org/10.63618/omd/isj/v
4/n2/279
Recibido: 14/11/2025
Aceptado: 10/04/2026
Publicado: 30/04/2026
Copyright: © 2026 por los
autores. Este artículo es un
artículo de acceso abierto
distribuido bajo los términos y
condiciones de la Licencia
Creative Commons, Atribución-
NoComercial 4.0 Internacional. (CC
BY-NC).
(https://creativecommons.org/lice
nses/by-nc/4.0/)
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Artículo Científico
1. Introducción
La Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT)
es una intervención conductual de tercera generación, enmarcada dentro del enfoque
contextual, cuyo objetivo central es el incremento de la flexibilidad psicológica. Este
modelo terapéutico se fundamenta en principios del análisis funcional de la conducta y
se orienta a modificar la relación que las personas establecen con sus experiencias
privadas, más que la eliminación directa de síntomas. En este sentido, la ACT ha
adquirido relevancia como enfoque terapéutico para la intervención en diversos
trastornos psicológicos, debido a su base empírica y a la coherencia de sus procesos
de cambio (Hayes et al., 1999; Hayes et al., 2006; Wilson y Hayes, 1996; Paliza-
Olivares, 2023).
Desde una perspectiva funcional, la ACT promueve patrones de conducta adaptativos
mediante el desarrollo de acciones consistentes con los valores personales, así como
el compromiso sostenido con dichas acciones, incluso en presencia de experiencias
privadas aversivas. A través de los seis procesos del hexaflex (aceptación, defusión
cognitiva, contacto con el momento presente, yo como contexto, clarificación de valores
y acción comprometida) se busca ampliar el repertorio conductual del consultante y
favorecer una relación más flexible con las conductas privadas (pensamientos,
emociones y sensaciones corporales) (Bond et al., 2011; Hayes et al., 2011)
En la evidencia empírica contemporánea, la ACT ha mostrado eficacia en el tratamiento
de diversas problemáticas psicológicas, entre ellas la depresión, los trastornos de
ansiedad y las enfermedades crónicas (Gloster et al., 2020; Levin et al., 2024; A-Tjak,
2015; Ost, 2014; Brown et al., 2016; Ramos et al., 2024). En particular, en el abordaje
de condiciones crónicas de salud, la flexibilidad psicológica y la aceptación se han
identificado como variables clave para mejorar la adherencia al tratamiento, reducir el
impacto del malestar psicológico asociado a la enfermedad y favorecer una mejor
calidad de vida percibida (McCracken y Velleman, 2010; Karayannis et al., 2024).
Un componente teórico central que sustenta la ACT es la Teoría de los Marcos
Relacionales (Relational Frame Theory, RFT), la cual proporciona un marco explicativo
sobre el papel del lenguaje y la cognición en la regulación de la conducta humana. Esta
teoría propone que el lenguaje humano surge de la capacidad aprendida de relacionar
estímulos arbitrariamente y derivar nuevas relaciones sin aprendizaje directo (Hayes,
Barnes-Jolmes y Roche, 2001) Es decir, que no solo aprendemos por experiencia
directa, sino también mediante relaciones simbólicas construidas verbalmente. Por
ejemplo: Si un niño aprende que 1 > 2 y 2 > 3, sin enseñanza concluye que 1 > 3, esto
se denomina derivación relacional. Desde esta perspectiva, la RFT permite comprender
cómo los procesos verbales pueden contribuir tanto al sufrimiento psicológico como a
su mantenimiento, así como al cambio conductual. De este modo, la ACT se configura
no solo como un conjunto de técnicas de intervención, sino como la aplicación clínica
de un modelo conductual contextual orientado al bienestar psicológico y a la adaptación
funcional.
En este sentido, el presente artículo pretende analizar los fundamentos teóricos de la
Terapia de Aceptación y Compromiso y revisar la evidencia disponible acerca de sus
aplicaciones en el ámbito clínico y comunitario. Este análisis pretende aportar al
conocimiento del potencial de la ACT como un modelo de intervención integral, capaz
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de ofrecer un abordaje contextual del sufrimiento humano y de los problemas asociados
a la vida cotidiana.
De igual manera, el estudio se inscribe en las líneas de vinculación con la sociedad de
la Universidad Metropolitana, específicamente en el área de la promoción de la salud
mental y el bienestar psicológico en escenarios comunitarios. En este sentido, los
hallazgos de la revisión permiten sustentar teóricamente el diseño e implementación de
intervenciones psicoeducativas y comunitarias basadas en la ACT, orientadas a
poblaciones vulnerables del contexto ecuatoriano, favoreciendo la transferencia del
conocimiento científico hacia la práctica social.
2. Materiales y Métodos
El presente estudio se realizó a través de una revisión narrativa de la literatura, con
criterios explícitos de búsqueda, selección y análisis, orientado al análisis de los
fundamentos teóricos de la ACT y sus principales aplicaciones clínicas y comunitarias.
Se realizó una búsqueda bibliográfica en bases de datos académicos, como Scopus,
Scielo, PudMed, Web of Science y Google Scholar, con el fin de identificar publicaciones
relacionadas con el modelo ACT y la RFT.
2.1. Se emplearon combinaciones de palabras clave como:
Español: “Terapia de Aceptación y Compromiso”, “ACT”, “Teoría de los Marcos
Relacional”, “Terapias contextuales”, “Flexibilidad psicológica”, “ACT
aplicaciones clínicas”, “ACT intervención comunitaria”
Inglés: “Acceptance and Commitment Therapy”, “ACT”, “psychological flexibility”,
“Relational Frame Theory”, “ACT community intervention “ACT clinical
applications”
2.2. Los términos fueron combinados mediante operadores booleanos (AND, OR)
con el fin de mejorar la búsqueda.
Como Los criterios de inclusión se tuvieron en cuenta: 1) Revisiones teóricas y
empíricas, 2) Libros académicos especializados, 3) Estudios clínicos y comunitarios
relacionados con ACT, 4) Publicaciones en cualquier idioma, 5) Artículos sin limitación
de tiempo. Se excluirán documentos sin soporte académico, literatura no científica y
publicaciones que no traten fundamentos conceptuales o aplicaciones clínicas-
comunitarias de la ACT.
El proceso de selección se realizó en tres etapas:
1. squeda electrónica para la identificación preliminar de fuentes.
2. Revisión de títulos y resúmenes con el fin de valorar la pertinencia temática.
3. Análisis de los textos elegidos.
Finalmente, los estudios incluidos fueron analizados mediante un enfoque de síntesis
temática, organizando la información en categorías teóricas relacionadas con:
fundamentos filosóficos y contextuales de la ACT, aportes de la Teoría de los Marcos
Relacionales, procesos de flexibilidad psicológica y aplicaciones clínicas y comunitarias
del modelo.
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El presente procedimiento permitió incorporar evidencia teórica y empírica relevante con
el objetivo de proporcionar una visión contextualizada y actualizada sobre el desarrollo
y alcance de la Terapia de Aceptación y Compromiso.
El estudio no requirió evaluación por comité de ética al tratarse de una revisión
documental sin participación directa de seres humanos.
3. Resultados
Los resultados de la revisión bibliográfica permitieron identificar los aportes teóricos y
empíricos relacionados con la ACT, consolidándolo como uno de los modelos
representativos dentro de las terapias contextuales-conductuales de tercera generación.
A partir del análisis de los documentos seleccionados, organizamos los hallazgos en
cuatro categorías temáticas: 1) Fundamentos teóricos y filosóficos de la ACT; 2) La
Teoría de los Marcos Relacionales como base de la ACT; 3) Procesos de flexibilidad
psicológica; 4) Aplicaciones clínicas y comunitarias de la ACT.
3.1. Fundamentos teóricos y filosóficos de la Terapia de Aceptación y
Compromiso
3.1.1. Origen dentro de las terapias de tercera generación.
La Terapia de Aceptación y Compromiso se enmarca en las llamadas terapias de tercera
generación las cuales surgieron como una evolución de los modelos conductuales y
cognitivos previos. Esta corriente retoma los principios del conductismo, pero integra
una visión más contextual y centrada en la experiencia del individuo marcando una
diferencia respecto a los enfoques tradicionales de modificación de conducta y
reestructuración cognitiva (Hayes, et al., 1999; Pérez-Álvarez, 2014). El desarrollo de la
ACT comienza a mediados de la década de 1980 cuando Steven C. Hayes y sus
colaboradores exploran la relación entre el lenguaje humano, la cognición y el
sufrimiento psicológico dando origen a la Teoría de los Marcos Relacionales (RFT,
Relational Frame Theory) la cual proporcionó las bases experimentales y conceptuales
para la construcción del modelo terapéutico (Hayes, 1984; Hayes, et al., 1999). Sin
embargo, sus verdaderos orígenes se remontan al conductismo radical propuesto por
Skinner (1938, 1953, 1957) y las investigaciones de Sidman sobre las relaciones
equivalentes (1971 y 1994).
En 1999 se publicó el primer manual clínico llamado “Acceptance and commitment
therapy: An experiential approach to behavior changede Hayes et al., (1999) mostrando
como las intervenciones basadas en metáforas, paradojas y ejercicios experienciales
permiten liberarse de las trampas del lenaguaje, modificar conductas y mejorar la
satisfacción de vida general. Esto consolidó formalmente su estructura teórica y práctica
dentro del campo de psicología conductual contemporánea.
A partir de entonces diversos autores de habla inglesa como Hayes, Strosahl, Wilson,
Barnes-Holmes, Luoma, Harris, etc. Y de habla hispana como Carmen Luciano,
Francisco Ruiz, Marino Pérez-Álvarez, entre otros. Han contribuido a la expansión del
modelo resaltando su fundamento en el conductismo funcional-contextual y su objetivo
de promover la flexibilidad psicológica mediante procesos como la aceptación, difusión
y la acción guiada por valores.
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Finalmente, la Terapia de Aceptación y Compromiso se consolidó como una propuesta
que integra principios filosóficos del conductismo radical con estrategias terapéuticas
experimentales priorizando la relación entre el individuo y el entorno. Este enfoque no
busca eliminar los pensamientos y emociones difíciles sino favorecer una relación más
abierta y consciente con ellos, lo que constituye la esencia de su planteamiento original
y marca su diferencia dentro de la evolución de las terapias conductuales modernas
(Hayes et al., 2012; Talavera-Valentín, 2014; Hayes et al., (2012); Pérez-Álvarez (2014).
3.1.2. Conductismo radical y enfoque contextual funcional.
La ACT no nace como una cnica psicoterapéutica, sino como la aplicación clínica de
una filosofía científica específica como es el contextualismo funcional, derivada del
conductismo radical. Por lo tanto, comprender ACT implica, entender primero
fundamentos epistemológicos.
El conductismo radical, propuesto por Skinner, plantea que la psicología debe tener
como objeto de estudio la conducta de los organismos, considerando eventos
observables y privados. Estos comportamientos deben ser entendidos, comprendidos y
sujetos bajo leyes ambientales. Entendiendo que las conductas solo pueden
comprenderse analizando la relación entre el organismo y su contexto (Skinner, 1953).
Posteriormente el análisis conductual evoluciona bajo una filosofía denominada
contextualismo. La cual es propuesta originalmente por Pepper (1942), esta parte de la
idea de que los seres humanos comprendemos la realidad a través de marcos
interpretativos o hipótesis que otorgan sentido a nuestras experiencias. Dicha
perspectiva adopta como metáfora central el acto-en-contexto, lo que significa que todo
comportamiento o evento sólo puede entenderse plenamente si se analiza en relación
con el contexto histórico y situacional donde este ocurre (Fox, 2006). Desde esta visión
la verdad no se concibe como algo fijo o absoluto sino como una cualidad que surge de
la utilidad práctica y del grado en que una explicación resulta funcional para interpretar
y predecir los hechos.
A partir de esta base, surge el contextualismo funcional, una filosofía de la ciencia
desarrollada principalmente en el ámbito del análisis conductual. Este enfoque busca
comprender la conducta en función de su contexto y de las consecuencias que lo
produce distanciándose de explicaciones reduccionistas o puramente mecanicistas de
los problemas humanos (Gifford & Hayes, 1999; Boone et al., 2015). Su objetivo es
construir teorías y procedimientos que permitan predecir e influir en la conducta con
aspectos como la precisión, alcance y profundidad conceptos característicos dentro del
ámbito de análisis conductual.
El contextualismo se apoya en una lógica semejante a la selección natural darwinista
dónde las conductas se mantienen o se modifican en función de las contingencias de
reforzamiento presentes en el entorno. De esta manera, el comportamiento se entiende
como el resultado de una interacción continua entre el individuo y el ambiente en
coherencia con los principios del conductismo radical de Skinner (1974/1994, 1981).
Desde esta perspectiva, Gifford & Hayes (1999) resaltan que se define a la conducta
como aquellos eventos de carácter público o privado, aunque los contextos moldean la
conducta y esta pueda ser la misma en distintas personas, la función que cumpla en
cada una será totalmente diferente.Es decir, el contextualismo funcional considera que
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todo tipo de conducta tanto la observable como lo que ocurre dentro de la persona tiene
un significado que depende del contexto. Por ejemplo, dos individuos pueden llorar, pero
uno lo hace por tristeza y el otro por felicidad. Aunque el comportamiento de llorar parece
igual, la función psicológica es distinta porque depende de la historia personal y el
contexto único e individual. Por lo tanto, el contextualismo funcional sostiene que para
comprender o modificar la conducta es fundamental considerar el contexto actual e
histórico seleccionando aspectos relevantes con el fin de no perder la claridad en el
análisis (Hayes, 1993; Fox, 2006; Hayes et al., 2014).
3.1.3. Principios generales que diferencian la ACT de otras terapias.
Dentro las principales diferencias podemos encontrar diversos aspectos. Primero el
enfoque contextual-funcional del comportamiento, antes ya mencionado. El cambio en
la relación con los eventos privados, la centralidad de la flexibilidad psicológica como
objetivo terapéutico, que más adelante se abordará. Sin embargo, este apartado lo
queremos direccionar al uso de estrategias experienciales y metafóricas como medios
para generar aprendizaje conductual directo, más que cambios exclusivamente
racionales o discursivos (Wilson y Luciano, 2002). Estas estrategias buscan debilitar el
control literal del lenguaje y favorecer nuevas formas de interacción con la experiencia
interna.
Las metáforas, paradojas, ejercicios experienciales y valores son elementos
fundamentales que la distinguen de otros enfoques. A diferencia de las terapias
centradas en cambiar pensamientos, la ACT tiene la finalidad que el individuo observe
su experiencia directamente comprendiendo las relaciones de su conducta, el contexto
y las consecuencias (Carrascoso López, 2003). Las metáforas permiten expresar ideas
o emociones mediante imágenes simbólicas facilitando la compresión de experiencias
internas. En el ámbito terapéutico, ayudan a que la persona vea su situación desde otra
mirada (Lakoff & Johnson, 1991; McCurry & Hayes, 1992). Una muestra de ello es la
metáfora “estás navegando en una tormenta”, puede representar un momento de crisis
emocional. Las paradojas son expresiones que, aunque parecen contradictorias invitan
a la reflexión y promueven el cambio de pensamiento (Carrascoso López, 2003). Así,
cuando se plantea que “para encontrar el control primero tienes que soltarlo”, se busca
resaltar la importancia de la aceptación. Asimismo, los ejercicios experienciales
permiten que la persona experimente sensaciones o emociones de forma directa en
lugar de limitarse al diálogo (Carrascoso López, 2001). Por ejemplo, cerrar los ojos y
recordar un momento de paz puede ayudar a reconectar con emociones positivas.
Finalmente, los valores expresados mediante refranes o proverbios también son
recursos útiles, ya que, transmiten enseñanzas morales y sabiduría popular (Carrascoso
López, 2003). Tal es el caso del dicho “no hay mal que por bien no vengase utiliza para
promover la aceptación ante experiencias difíciles.
3.2. La Teoría de los Marcos Relacionales (RFT) como base de la ACT
Al hablar de la RTF tenemos que, presentar un marco filosófico el cual marca un punto
general en dicha teoría, en el caso de la Teoría de los Marcos Relacionales (RFT) es el
Contextualismo Funcional, este se desarrolla mediante un enfoque analítico-funcional,
el cual permite analizar el comportamiento en términos de principios de aprendizaje
(Luciano & Valdivia, 2006).
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La primicia dada sobre la RFT es que una conducta se regula eventualmente por redes
de relaciones aprendidas denominadas “marcos relacionales”. Así mismo, Hayes y
Smith (2013) da un contexto sobre esto, señalando que, “Las relaciones constituyen el
núcleo del lenguaje y de la cognición humanos y nos permiten el aprendizaje sin
necesidad de tener una experiencia directa” (P:P. 33).
En este sentido el aprendizaje humano no depende exclusivamente del contacto directo
con las contingencias ambientales, sino de las redes relacionales previamente
establecidas. Por ejemplo, si una persona ha aprendido que el fuego quema y que la
estufa produce fuego, podrá deducir que la estufa quema sin necesidad de haber sufrido
una quemadura. Ello muestra cómo es posible que las funciones emocionales y
conductuales se transformen mediante relaciones verbales aprendidas.
Con lo descrito anteriormente, dentro de la ACT la RFT desempeña un rol sobre el
conocimiento y relación de las cosas/situaciones. Los humanos son seres relacionales,
al momento de ver un objeto inmediatamente se encuentra relación con lo ya aprendido,
es decir, se produce una imagen mental. Dentro de la ACT sucede algo parecido cuando
estos procesos relacionales adquieren relevancia clínica a partir de determinadas redes
verbales ejercen control rígido sobre el comportamiento. Pensamientos autocríticos
como “soy inútilo “no soy inteligenteno son problemáticos por su contenido literal, sino
por la función que cumplen dentro del repertorio conductual del individuo, especialmente
cuando generan evitación experiencial o restricción conductual. En consecuencia, la
intervención terapéutica no se orienta a modificar la veracidad de dichos pensamientos,
sino a alterar su función mediante procesos como la de fusión cognitiva y la aceptación,
promoviendo una relación más flexible con los eventos privados y favoreciendo
conductas coherentes con los valores personales.
3.2.1. Relación entre lenguaje, cognición y sufrimiento psicológico.
La RFT, se compone por la perspectiva relacional que se encuentra presente en nuestro
diario vivir, desde las cosas más simples (relacionar un sonido con una imagen mental)
hasta algo más complejo (relacionar vivencias del usuario como parte de un proceso de
anticipación al dolor).
Barnes-Holmes et al., (2005) mencionan que “el comportamiento relacional derivado es
una operante generalizada que se aprende a través de una historia de entrenamiento
con múltiples ejemplares en diversos ámbitos”. Es decir, que el lenguaje no es un innato,
sino una conducta aprendida, el cual se desarrolla mediante la interacción social y
exposición contextual. Se aprende a relacionar ideales como “qué es bueno y qué es
malo” “antes y después”. Por medio de este aprendizaje, los individuos consiguen el
establecimiento de relaciones arbitrarias entre palabras, objetos y vivencias, esto
permite analizar la información recibida y comunicarse. Pese a esto, esta capacidad
puede tener una respuesta adversa convirtiéndose en una fuente de sufrimiento
humano.
Los individuos debido al establecimiento relacional pueden asociar conductas o
vivencias con vínculos verbales aprendidos (negativamente). Por ejemplo, cuando se
asocia la idea de sentirse triste con la debilidad, considerando el pedir ayuda como una
forma de incapacidad de controlarse, evocando emociones displacenteras, aunque los
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hechos no sean reales. Desde este enfoque, el lenguaje, comprendido como un conjunto
procesos relacionales, no solo refuerza la cognición y la comunicación con los demás,
sino también construye pensamientos autocríticos que refuerzan el estímulo aversivo,
en este caso el malestar emocional, y mantienen esta conducta.
El sufrimiento psicológico no es dependiente de eventos externos, más bien, se maneja
por medio de la percepción e interpretación en relación a la situación presentada, es
decir, cómo se lo experimenta internamente. Muestra determinadas evaluaciones
verbales cuando los individuos se encuentran absorbidos por sus pensamientos. Por
ejemplo: “Sentirse triste es ser débil esto puede transferir funciones aversivas a
experiencias normales. En otras palabras, la emoción no es problemática en sí misma,
sino el control conductual que ejercen las redes verbales que la vinculan con juicios
negativos o consecuencias temidas.
La relación lingüística derivada (Tristeza-sentimiento de ser débil) genera emociones
invasivas, limitando una conducta (la necesidad de ser feliz todo el tiempo por cargo de
conciencia). Aunque la RFT sea útil y fundamental dentro del lenguaje, el cual es la
conducta más importante, y la cognición, si la persona no reconoce la diferenciación
entre los pensamientos y el actuar, puede llegar a etiquetarse y mentalizarse con
aspectos negativos de sí mismo.
3.2.2. Cómo la RFT sustenta los procesos de cambio terapéutico.
Los procesos de cambio terapéutico propuestos por la Terapia de Aceptación y
Compromiso encuentran su fundamento experimental en la Teoría de los Marcos
Relacionales (RFT), la cual conceptualiza el lenguaje y la cognición humana como
repertorios de respuesta relacional aprendidos cuya función depende del contexto en el
que ocurren. Desde este punto de vista, el cambio no se encuentra ligado únicamente
de erradicar pensamientos o emociones disfuncionales, sino busca trabajar su
funcionalidad por medio de conceptos como aceptación, de fusión y el actuar por medio
de valores.
Como menciona Hayes (2004), la ACT y la RFT no se guía por la “verdad de los
pensamientos, más bien, se centra en su funcionalidad dentro del diario vivir, usándolo
de manera prudente por medio de sus valores. Bajo la perspectiva del contextualismo
funcional, la conducta y el significado psicológico son comprendidos como
consecuencias del contexto en el que mantienen contacto, por ello, los pensamientos
tienen relevancia en función a sus contingencias contextuales. El objetivo es que los
individuos aprendan a mirar sus eventos internos desde un punto más flexible,
asimismo, la ACT promueve que el individuo acepte sus experiencias internas sin
necesidad de reprimir, actuando con base a sus valores y comprendiendo que el
malestar puede presentarse dentro de la vida, pero no tomar las riendas de ello.
Las intervenciones terapéuticas basadas en aceptación y de fusión cognitiva buscan
alterar dicho control verbal, permitiendo que los eventos privados estén presentes sin
determinar necesariamente la acción. De este modo, el objetivo terapéutico consiste en
ampliar la flexibilidad conductual, favoreciendo que el comportamiento del individuo se
oriente hacia valores personales relevantes aun en presencia de malestar psicológico.
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3.3. Procesos de flexibilidad psicológica
La flexibilidad psicológica constituye uno de los pilares de la ACT y esta a su vez es
definida la capacidad de contactar plenamente con el momento presente y persistir o
cambiar el comportamiento en función de objetivos y valores personales (Hayes,
Strosahl & Wilson, 1999). Otra conceptualización podría ser la planteado por Hayes et
al., (2006) que explica la flexibilidad psicológica como la implicación a responder a las
demandas situacionales de manera sensible al contexto y guiada por contingencias
actuales más que por reglas verbales rígidas o evitación experiencial. Finalmente
tomando una descripción desde la aproximación al proceso transdiagnóstico podríamos
decir que es la capacidad de mantener en contacto con experiencias internas mientras
se ajusta el comportamiento de acuerdo con metas significativas (Kashdan y
Rottenberg, 2010)
Inicialmente, en la ACT se desarrollan aspectos mencionados como procesos de
flexibilidad psicológica”, el cual se encuentra compuesto por: aceptación, defusión,
contacto con el presente, yo como contexto, valores y acción comprometida. Tomando
en cuenta su clasificación, primero se debe tener en claro el papel que la ACT
desempeña.
Dentro del modelo ACT, Samperio (2023) señala que la condición actual del individuo
constituye un elemento central para la promoción del cambio conductual durante el
proceso terapéutico. Desde esta perspectiva, la eficacia de la intervención no depende
exclusivamente de la aplicación de técnicas específicas, sino del grado en que la
persona desarrolla disposición para entrar en contacto con sus experiencias internas y
participar activamente en conductas orientadas hacia valores personales.
Dicho de otra forma, la ACT puede aplicarse en diversos contextos clínicos y
comunitarios; sin embargo, su implementación requiere la adecuada comprensión de
sus principios teóricos y procesos terapéuticos, así como la formulación de objetivos
coherentes con las necesidades del consultante. El cambio terapéutico emerge, por
tanto, de la interacción entre las estrategias clínicas empleadas y la apertura del
individuo hacia nuevas formas de relacionarse con su experiencia psicológica.
3.3.1. Aceptación, de fusión, contacto con el presente, yo como contexto, valores
y acción comprometida
Cada uno de los procesos implicados en la rigidez psicológica tiene un proceso
alternativo para alcanzar la flexibilidad psicológica. Dentro de estos procesos
encontramos:
Tabla 1.
Procesos de la rigidez psicológica
Procesos de la rigidez psicológica
Proceso en el que los pensamientos adquieren un papel
predominante en la regulación del comportamiento, llegando a
influir en la acción como si reflejaran hechos objetivos. En estos
casos la conducta suele organizarse alrededor del contenido
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cognitivo, reduciendo la sensibilidad del individuo a las demandas
reales del contexto, manteniendo patrones conductuales que
pueden resultar desadaptativos (Hayes, Barnes-Holmes & Roche,
2001).
La evitación experiencial se da cuando la persona trata de alejarse
o controlar de forma activa sus eventos internos que considera
desagradables, evitando entrar en contacto con emociones,
pensamientos o recuerdos que producen malestar. Si bien estas
respuestas pueden producir alivio momentáneo, suelen
convertirse en patrones de conducta duraderas porque escapar
del malestar funciona como un reforzador inmediato, dificultando
su extinción y limitando la adaptación psicológica a largo plazo
(Hayes et al., 1996).
Se puede observar una pérdida de contacto con atención del
momento presente cuando la atención del sujeto queda atrapada
en procesos de análisis, preocupación en procesos de análisis,
preocupación o rumiación, lo que dificulta la experiencia directa
del aquí y ahora o rumiación, lo que dificulta la experiencia directa
del aquí y ahora. Este El patrón rígido de atención suele
mantenerse a través de intentos continuos por comprender o
resolver cognitivamente el malestar, dirigiendo la mente hacia el
pasado o el futuro y alejando a la persona de la experiencia
inmediata (Hayes et al., 2011).
El Yo conceptualizado se puede entender como el producto de la
historia de aprendizaje verbal del individuo, sobre todo en los
procesos de denominación, categorización y valoración que se
desarrolla en el seno de la comunidad verbal. Estas interacciones
sirven para que las personas construyan descripciones de sí
mismas que toman la forma de narrativas personales
relativamente estables. Muchas veces las personas acaban por
identificarse con estos relatos y actúan de acuerdo con las
cualidades, denominaciones o juicios que han aprendido a
reconocer en sí mismos.
Desde este punto de vista, la identidad personal se organiza
alrededor de historias sobre “quién soy”, que se mantienen gracias
al reforzamiento social de la coherencia narrativa. La
comunicación verbal promueve la coincidencia entre lo que la
persona afirma ser y lo que se observa de su conducta, lo cual
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puede reforzar la fijación a una autoimagen establecida. Si bien,
este proceso contribuye a la estabilidad del autoconcepto, puede
limitar la flexibilidad psicológica, ya que promueve patrones rígidos
de comportamiento y formas de autoevaluación que dificultan el
cambio conductual (Hayes, Barnes-Holmes & Roche, 2001; Wilson
& Luciano, 2002).
La quiebra o desconexión de valores ocurre cuando la persona
pierde claridad o contacto con aquellas direcciones vitales que
otorgan sentido y propósito a su comportamiento. En estas
condiciones, la conducta deja de estar guiada por elecciones
personales significativas y pasa a organizarse principalmente en
función de la evitación del malestar, la reacción ante demandas
externas o la búsqueda de aprobación social. Como
consecuencia, pueden establecerse patrones conductuales
caracterizados por la pasividad, la espera o la complacencia hacia
el entorno, lo que contribuye a una sensación persistente de vacío
o falta de significado personal. Desde la perspectiva de la Terapia
de Aceptación y Compromiso, esta desconexión limita la
orientación conductual hacia acciones valiosas y favorece el
mantenimiento de la rigidez psicológica (Hayes, Strosahl & Wilson,
1999; Wilson & Luciano, 2002).
La inactividad y la impulsividad constituyen patrones conductuales
orientados a reducir o escapar de estados internos aversivos.
Mientras la inacción se manifiesta en la evitación o postergación
de conductas relevantes, la impulsividad implica respuestas
dirigidas al alivio inmediato del malestar. Aunque aparentemente
opuestas, ambas comparten la función de disminuir
temporalmente el contacto con experiencias internas difíciles,
limitando la acción guiada por valores y favoreciendo la rigidez
psicológica (Hayes, Strosahl & Wilson, 1999; Hayes et al., 2011).
Nota: Elaborado por los Autores
De este modo presentamos los componentes del Hexaflex (Figura 1) para alcanzar la
flexibilidad psicológica. 1) Aceptación/V/Evitación: La aceptación se centra en aspectos
emocionales de las experiencias. Refiere a un espacio para permitirse experimentar
eventos sin juzgar, sin anclarse mentalmente con ellos. Es estar abierto, receptivo y
flexible. 2) Defusión/V/Fusión: Ver las conductas privadas como cosas que suceden, no
como verdades. 3) Presente/V/Pasado y futuro: Prestar atención /a lo que está
sucediendo de manera centrada, voluntaria y flexible. 4) Yo contexto/V/Yo contenido: El
yo como contexto nos permite entender el yo como un proceso y como un lugar presente
sin juzgar los acontecimientos que pasen (El aquí y ahora). 5) Valores/V/Falta de
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valores: Los valores son decisiones encaminadas y elegidas libremente, implican pautas
para cumplir y alcanzar lo valioso en la vida. 6) Acción comprometida/V/Inacción:
Compromiso con las pautas de conducta, materializar en el presente los valores
(Blackledge & Hayes, 2001; Vargas Madriz & Ramírez Henderson, 2012; Ruiz, 2010).
Figura 1.
Modelo Hexaflex de la flexibilidad psicológica en la Terapia de Aceptación y
Compromiso.
Nota: Adaptado de Hayes, Strosahl y Wilson (1999, 2011).
3.3.2. Su relevancia en contextos clínicos y comunitarios.
En contextos clínicos y comunitarios, la flexibilidad psicológica se identifica como un
factor clave para promover conductas saludables direccionadas hacia el bienestar y la
prevención. Aguirre-Camacho & Moreno-Jiménez (2017) prueban que dicha flexibilidad
psicológica presenta influencia incluso antes del diagnóstico de enfermedades crónicas
como el cáncer. Las personas con mayor índice de flexibilidad psicológica tienden a
enfrentar eventos internos (pensamientos, emociones aversivas) sin aislar el contacto
con ellas, lo que permite actuar en conjunto de sus valores. Por ejemplo, la asistencia a
exámenes preventivos de mamografía. Personas que presentan bajo nivel de flexibilidad
psicológica evitan los eventos internos presentados, generando un bajo rango de
adaptación hacia las conductas preventivas, aun si las consecuencias pueden ser
negativas. Esto pone en evidencia la importancia de promover la flexibilidad psicológica
en diversos ámbitos.
3.3.3. Aplicaciones clínicas y comunitarias
La ACT ha demostrado una amplia efectividad en el ámbito clínico, puesto que, como
se ha expresado anteriormente tiene como objetivo central fomentar la flexibilidad
psicológica permitiendo que la persona adopte una actitud abierta ante sus
pensamientos y emociones reduciendo la lucha interna y favoreciendo la acción
coherente con sus valores personales. Diversas investigaciones confirman su utilidad
en este tipo de problemáticas. Por ejemplo, desde el ámbito clínica se ha aplicado
exitosamente en casos de trastorno de angustia con agorafobia (Carrascoso, 1999),
trastorno de pánico (López, 1999) y ansiedad generalizada (Huerta et al., 1998; Jácome-
Morejón, 2025). Estos estudios muestran cómo la ACT ayuda a reducir la evitación
emocional y a fortalecer la capacidad de afrontar las sensaciones que provocan en el
Aceptación
Difusión
Presente
Yo contexto
Valores
Acción
comprometida
Flexibilidad Psicológica
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usuario un temor intenso. Asimismo, se han obtenido resultados positivos en el
tratamiento de trastornos obsesivo-compulsivos (Twohig et ál., 2010) y fobia social
(Ossman et ál., 2006; Mattikoppa et al., 2025), donde la terapia fomenta que el paciente
reconozca sus pensamientos intrusivos o temores sin intentar suprimirlos permitiendo
así una exposición más consciente y menos rígida a las experiencias que antes eran
evitadas. En el caso de los trastornos de pánico se ha evidenciado también una mejoría
significativa al integrar la aceptación con el fin que puedan implementar técnicas de
afrontamiento (Carrascoso & Valdivia, 2009).
De igual manera, la ACT ha mostrado efectividad en problemáticas más complejas como
los trastornos psicóticos donde ha contribuido a reducir los síntomas y las tasas de
rehospitalización (Bach & Hayes, 2002; García & rez, 2001). Estos resultados
sugieren que la flexibilidad psicológica no solo permite modificar la relación con los
pensamientos o emociones perturbadoras, sino también generar una distancia
saludable respecto a los contenidos mentales facilitando una mayor estabilidad
emocional. La evidencia clínica también respalda su uso en otros trastornos
emocionales como la depresión (Dougher & Hackbert, 1994; Zettle & Raines, 1989;
Kong et al., 2025; Zou, 2025) y el duelo complicado (Luciano & Cabello, 2001),
trastornos de ansiedad al promover la aceptación de las reacciones emocionales y el
compromiso con la experiencia presente mediante el acompañamiento de los valores
personales, metáforas, paradojas características fundamentales de la ACT (rez,
1996; Penubarthi et al., 2025).
Finalmente, los resultados de distintos estudios señalan que la ACT promueve un
cambio radical en la relación con la experiencia interna, más que una mera reducción
sintomática. Bajo este enfoque, el tratamiento se orienta a que la persona desarrolle una
relación más abierta, compasiva y funcional con su malestar, que es la base de la
flexibilidad psicológica y del bienestar psicológico (Wilson & Luciano, 2002; Hayes et al.,
1999).
3.4. Aplicaciones comunitarias y preventivas
La literatura científica reciente evidencia un crecimiento sostenido en la aplicación de la
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) fuera de los contextos clínicos
tradicionales, extendiendo su implementación hacia entornos comunitarios, educativos,
laborales y de promoción de la salud mental. Diversos estudios han señalado que la
ACT constituye una intervención adecuada para contextos comunitarios debido a su
enfoque transdiagnóstico y a su énfasis en el desarrollo de la flexibilidad psicológica
como recurso adaptativo frente a condiciones de estrés psicosocial (Twohig & Levin,
2024).
En el contexto comunitario laboral, numerosos ensayos clínicos aleatorios han
confirmado que las intervenciones fundamentadas en ACT reducen considerablemente
los niveles de estrés psicológico, agotamiento emocional y síntomas de ansiedad en
trabajadores del sector sanitario y grupos ocupacionales sometidos a elevadas
demandas emocionales. Estos resultados indican que la ACT potencia más los procesos
preventivos que los meramente terapéuticos, constituyéndose en una estrategia eficaz
de promoción de la salud mental colectiva. Programas implementados en modalidad
presencial y digital han demostrado mejoras en bienestar psicológico, compromiso
laboral y regulación emocional, mediadas principalmente por aumentos en la aceptación
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experiencial y el contacto con el momento presente (Prudenzi et al., 2022; Zhang et al.,
2024). Los resultados indican que la ACT potencia más los procesos preventivos que
los meramente terapéuticos, constituyéndose en una estrategia eficaz de promoción de
la salud mental colectiva.
De forma análoga, investigaciones realizadas en contextos educativos han demostrado
resultados positivos en población adolescente y universitaria. Intervenciones grupales
basados en modelos derivados de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), tales
como el programa DNA-V, han demostrado mejoras significativas en la reducción de
síntomas de ansiedad y estrés académico, así como mejoras en las habilidades para
afrontar situaciones psicológicas y en la toma de decisiones basadas en los valores
personales (Ruuska et al., 2025). Estos hallazgos avalan la viabilidad de la propuesta
de modelo contextual conductual en tempranos procesos preventivos, colaborando con
el fortalecimiento de competencias psicológicas en poblaciones no clínicas.
La evidencia también apunta a un uso cada vez mayor de ACT en intervenciones
dirigidas a comunidades vulnerables, como migrantes, cuidadores familiares o grupos
sujetos a condiciones de exclusión social. Vahabi et., (2022) encontraron que programas
basados en aceptación y compromiso, a través de estudios piloto y ensayos
comunitarios, fomentan la resiliencia psicológica, reducen el estigma asociado a
problemas de salud mental y fortalece el sentido de agencia personal y comunitaria. En
estos escenarios, la orientación a valores y la acción comprometida facilitan procesos
de empoderamiento psicológico que trascienden la mera reducción de la sintomatología
individual.
Los resultados revisados en conjunto evidencian que la ACT no lo es eficaz en el
tratamiento individual de trastornos psicológicos, sino que también es un modelo viable
para intervenciones comunitarias orientadas a la prevención, la promoción de la salud
mental y el fortalecimiento del funcionamiento psicosocial. La flexibilidad psicológica
emerge de forma consistente como el mecanismo central que explica la mejora en la
adaptación individual y colectiva, consolidando a la ACT como una aproximación
coherente con los enfoques contemporáneos de salud mental comunitaria.
3.4.1. Uso de la ACT en contextos educativos, sociales y de salud pública.
El ACT es usado en diversos ámbitos contextuales. Dentro del ámbito educativo, social
y de salud pública, esta terapia resulta ser una herramienta funcional en intervenciones
de grupo, especialmente enfocadas al consumo de sustancias. Dicho consumo suele
mantenerse debido a patrones de evitación experiencial, ocasionando un “escape de la
realidad consumiendo sustancias ilícitas y por ende recibiendo una satisfacción
momentánea. Luciano et al. (2010) comentan que, en un abordaje grupal, la ACT
permite abordar la problemática de consumo mediante variables como aceptación del
sufrimiento, defusión cognitiva que refuerzan pensamientos disfuncionales acerca del
consumo, asimismo, la búsqueda de valores como orientador a decisiones
correspondientes a metas importantes de la persona. Un ejemplo oportuno a estos
contextos es el de una joven el cual utilizaba cannabis para mejorar su manejo de
ansiedad y temor al fracaso provocada por las exigencias académicas, desempeñando
problemáticas como: evitación de responsabilidades (clases) y espacios sociales
(Luciano et al., 2010).
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De acuerdo con el caso previamente analizado, la Terapia de Aceptación y Compromiso
(ACT) busca identificar la función del consumo de sustancias “cannabis”, en este caso
usado como escape y reconocer los patrones de evitación, poniendo en práctica
conductas flexibles mediante respuestas ante la problemática presentada. Se tiene en
cuenta que la ACT representa una herramienta importante en varios contextos,
centrándose en el ámbito educativo, genera abordajes funcionales frente a conductas
mantenidas por lo mencionado anteriormente “evitación experiencial”, asimismo como
sucede con la procrastinación académica (Delgado Ferré et al., 2025).
Estas conductas se sostienen debido a emociones disfuncionales asociadas con el
pánico al fracaso, perfeccionismo o desorientación al realizar tareas, generando
cadenas de conductas rígidas que influyen en el rendimiento y bienestar del estudiante
(Plouffe et al., 2020; Rozental et al., 2022). Basándose en la teoría detallada
previamente, se presentará un ejemplo dentro del ámbito educacional: estudiante
universitario que posterga de forma repetida la entrega de tareas debido al temor de no
encajar en la normativa de perfección incluyendo la creencia de “no ser lo
suficientemente inteligente”, incrementando su sintomatología ansiosa, reforzando su
conducta procrastinadora e intensificando su evitación (Schraw et al., 2007; Sirois et al.,
2017).
Tomando como referencia los casos analizados, la ACT busca la manera de identificar
la variable que refuerza la problemática, es decir, dentro de los dos casos se identifican
pensamientos disfuncionales correspondientes al temor al fracaso, el cual mantiene la
conducta representada en consecuencias tales como: consumo de sustancias
relacionado con el método de escape de la realidad y procrastinación como parte de
evitación al fracaso académico. Como análisis final, la ACT dentro de grupos focales,
intenta que el individuo comprenda el pensamiento aversivo que genera la consecuencia
(emociones, conductas y pensamientos negativos) y fortaleciendo estrategias
correspondientes a la flexibilidad psicológica.
4. Discusión
Los hallazgos de la presente revisión confirman que la Terapia de Aceptación y
Compromiso (ACT) se sustenta en un marco teórico sólido basado en el contextualismo
funcional y la Teoría de los Marcos Relacionales, posicionándose como un modelo
coherente dentro de las terapias conductuales contemporáneas. En línea con la
evidencia revisada, la flexibilidad psicológica emerge como el principal mecanismo de
cambio (Hayes et al., 2006; Kashdan & Rottenberg, 2010) , permitiendo comprender la
intervención más allá de la reducción sintomática y orientándola hacia la modificación
funcional de la relación con los eventos privados.
Los enfoques cognitivo-conductuales tradicionales (Pérez-Álvarez, 2014; Hayes, 2004)
intentan modificar el contenido del pensamiento, mientras que la ACT trata de cambiar
su función, lo cual supone un cambio importante en la conceptualización del malestar
psicológico. Este El enfoque, además, se alinea con el carácter trans diagnóstico del
modelo (Twohig & Levin, 2024), dado que se puede aplicar a una variedad de trastornos
y contextos, lo que refuerza su utilidad dentro de intervenciones basadas en procesos.
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El ámbito aplicado, los resultados apuntan que la ACT, no sólo es eficaz en contextos
clínicos, sino que tiene un gran potencial en contextos comunitarios y preventivos
(Prudenzi et al., 2022; Vahabi et al., 2022), especialmente poblaciones expuestas a
condiciones de vulnerabilidad psicosocial. la coloca como una herramienta adecuada
para la promoción de la salud mental en los contextos latinoamericanos, donde se
requieren modelos flexibles, accesibles y que se adaptan a la cultura.
Sin embargo, esta revisión tiene limitaciones relacionadas con su enfoque narrativo, lo
cual puede conllevar a sesgos en la selección de los estudios. De igual manera, se hace
evidente la escasa producción empírica en contextos latinoamericanos, lo cual restringe
la posibilidad de generalizar los hallazgos. Al Respecto, futuras investigaciones
deberían dedicarse a valorar la eficacia de la ACT en colectivos específicos de la región
y en escenarios comunitarios (Twohig & Levin, 2024), afianzando de este modo su
veracidad intercultural y su aptitud para las políticas de salud mental.
5. Conclusiones
Esta revisión narrativa examina los fundamentos teóricos y las aplicaciones prácticas de
la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y su prominencia como modelo líder en
las terapias conductuales contextuales modernas. El Análisis de la literatura científica
confirma que la ACT se sustenta en un sólido marco filosófico que se basa en el
contextualismo funcional y en el conductismo radical, e incorpora los hallazgos
empíricos de la Teoría del Marco Relacional (TMR) para explicar la influencia del
lenguaje, la cognición en la aparición y mantenimiento del malestar psicológico.
Los resultados indican a la flexibilidad psicológica como mecanismo principal de cambio
terapéutico, facilitando una comprensión de la intervención psicológica más allá del
alivio sintomático convencional. Desde este punto de vista, la ACT promueve cambios
funcionales en la relación que las personas tienen con sus experiencias internas,
facilitando la adopción de conductas acordes con sus valores aun cuando esto suponga
sufrir emocionalmente. Es un cambio de paradigma con relación a aquellos que se
centran exclusivamente en la regulación o erradicación de pensamientos y emociones
que resultan desagradables.
La aplicación de la ACT a contextos comunitarios, educativos, laborales y de salud
pública demuestra su potencial para la prevención y la promoción. Las intervenciones
grupales y digitales basadas en la aceptación y el compromiso han demostrado ser
eficaces para mejorar el bienestar psicológico colectivo, la resiliencia y el
empoderamiento individual y social, estableciendo la flexibilidad psicológica como un
recurso adaptativo pertinente para afrontar los retos psicosociales actuales.
Esto no permite concluir que la Terapia de Aceptación y Compromiso representa un
modelo de tratamiento acorde a los avances de la ciencia conductual contextual actual,
que combina precisión teórica y utilidad práctica en los distintos niveles de intervención.
Se reconoce la necesidad de mejorar la investigación empírica en los contextos
latinoamericanos, para ampliar su validación cultural, evaluar su eficacia en diversos
grupos y consolidar su incorporación a los programas públicos de salud mental.
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CONFLICTO DE INTERESES
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