Artículo Científico  
Fundamentos teóricos de la Terapia de Aceptación y  
Compromiso y sus aplicaciones clínicas: Revisión  
narrativa.  
Theoretical Foundations of Acceptance and Commitment Therapy and Its  
Clinical Applications: A Narrative Review.  
Muñoz-Palacio, Fernando Andrés1; Luna-Álvarez, Heriberto Enrique2; Villacreses-Añazco, María  
Verónica3; Macias-Salinas, Valeria Abigail4.  
1
Universidad  
Metropolitana  
Sede  
Machala;  
Ecuador,  
Machala;  
Machala;  
Machala;  
2
3
4
Universidad  
Universidad Metropolitana Sede Machala; Ecuador,  
Universidad Metropolitana Sede Machala; Ecuador, Machala;  
Metropolitana  
Sede  
Machala;  
Ecuador,  
Cita: Muñoz-Palacio, F. A., Luna-  
Álvarez, H. E., Villacreses-  
Añazco, M. V., & Macias-Salinas,  
V. A. (2026). Fundamentos  
teóricos de la Terapia de  
Aceptación y Compromiso y sus  
aplicaciones clínicas: Revisión  
1
Autor Correspondencia  
Resumen: La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) constituye una  
intervención contextual-conductual orientada al desarrollo de la flexibilidad  
psicológica. El objetivo del presente estudio fue analizar, a través de una revisión  
narrativa de la literatura científica publicada en bases de datos especializadas, los  
narrativa. Innova  
Science  
Journal, 4(2),  
402-  
fundamentos teóricos  
y
aplicaciones clínicas de la ACT. Se analizaron  
investigaciones sobre el contextualismo funcional, la Teoría de los Marcos  
Relacionales y los procesos de flexibilidad psicológica. Los resultados muestran que  
la ACT es eficaz desde un enfoque transdiagnóstico para diversos problemas  
psicológicos, destacando su impacto sobre la regulación emocional, el afrontamiento  
del sufrimiento y la acción basada en valores. Se concluye que la ACT representa un  
modelo terapéutico coherente con los avances contemporáneos de la ciencia  
conductual contextual, aunque futuras investigaciones deberán fortalecer su  
validación intercultural y aplicada en contextos latinoamericanos.  
Recibido: 14/11/2025  
Aceptado: 10/04/2026  
Publicado: 30/04/2026  
Palabras clave: Terapia de Aceptación y Compromiso; Teoría de los Marcos  
relacionales; Flexibilidad psicológica; aplicaciones clínicas.  
Copyright:  
©
2026 por los  
autores. Este artículo es un  
artículo de acceso abierto  
distribuido bajo los términos y  
condiciones de la Licencia  
BY-NC).  
Abstract: Acceptance and Commitment Therapy (ACT) is a contextual-behavioral  
intervention aimed at developing psychological flexibility. The objective of this study  
was to analyze, through a narrative review of the scientific literature published in  
specialized databases, the theoretical foundations and clinical applications of ACT.  
Research on functional contextualism, Relational Frame Theory, and psychological  
flexibility processes was analyzed. The results show that ACT is effective from a  
transdiagnostic perspective for various psychological problems, highlighting its impact  
on emotional regulation, coping with suffering, and values-based action. It is  
concluded that ACT represents a therapeutic model consistent with contemporary  
advances in contextual behavioral science, although future research should  
strengthen its cross-cultural and applied validation in Latin American contexts.  
Keywords: Acceptance and Commitment Therapy; Relational Frame Theory;  
Psychological flexibility; clinical applications.  
Innova Science Journal| Vol.04 | Núm.02 |Abril – Jun | 2026|www.innovasciencejournal.omeditorial.com  
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Artículo Científico  
1. Introducción  
La Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT)  
es una intervención conductual de tercera generación, enmarcada dentro del enfoque  
contextual, cuyo objetivo central es el incremento de la flexibilidad psicológica. Este  
modelo terapéutico se fundamenta en principios del análisis funcional de la conducta y  
se orienta a modificar la relación que las personas establecen con sus experiencias  
privadas, más que la eliminación directa de síntomas. En este sentido, la ACT ha  
adquirido relevancia como enfoque terapéutico para la intervención en diversos  
trastornos psicológicos, debido a su base empírica y a la coherencia de sus procesos  
de cambio (Hayes et al., 1999; Hayes et al., 2006; Wilson y Hayes, 1996; Paliza-  
Olivares, 2023).  
Desde una perspectiva funcional, la ACT promueve patrones de conducta adaptativos  
mediante el desarrollo de acciones consistentes con los valores personales, así como  
el compromiso sostenido con dichas acciones, incluso en presencia de experiencias  
privadas aversivas. A través de los seis procesos del hexaflex (aceptación, defusión  
cognitiva, contacto con el momento presente, yo como contexto, clarificación de valores  
y acción comprometida) se busca ampliar el repertorio conductual del consultante y  
favorecer una relación más flexible con las conductas privadas (pensamientos,  
emociones y sensaciones corporales) (Bond et al., 2011; Hayes et al., 2011)  
En la evidencia empírica contemporánea, la ACT ha mostrado eficacia en el tratamiento  
de diversas problemáticas psicológicas, entre ellas la depresión, los trastornos de  
ansiedad y las enfermedades crónicas (Gloster et al., 2020; Levin et al., 2024; A-Tjak,  
2015; Ost, 2014; Brown et al., 2016; Ramos et al., 2024). En particular, en el abordaje  
de condiciones crónicas de salud, la flexibilidad psicológica y la aceptación se han  
identificado como variables clave para mejorar la adherencia al tratamiento, reducir el  
impacto del malestar psicológico asociado a la enfermedad y favorecer una mejor  
calidad de vida percibida (McCracken y Velleman, 2010; Karayannis et al., 2024).  
Un componente teórico central que sustenta la ACT es la Teoría de los Marcos  
Relacionales (Relational Frame Theory, RFT), la cual proporciona un marco explicativo  
sobre el papel del lenguaje y la cognición en la regulación de la conducta humana. Esta  
teoría propone que el lenguaje humano surge de la capacidad aprendida de relacionar  
estímulos arbitrariamente y derivar nuevas relaciones sin aprendizaje directo (Hayes,  
Barnes-Jolmes y Roche, 2001) Es decir, que no solo aprendemos por experiencia  
directa, sino también mediante relaciones simbólicas construidas verbalmente. Por  
ejemplo: Si un niño aprende que 1 > 2 y 2 > 3, sin enseñanza concluye que 1 > 3, esto  
se denomina derivación relacional. Desde esta perspectiva, la RFT permite comprender  
cómo los procesos verbales pueden contribuir tanto al sufrimiento psicológico como a  
su mantenimiento, así como al cambio conductual. De este modo, la ACT se configura  
no solo como un conjunto de técnicas de intervención, sino como la aplicación clínica  
de un modelo conductual contextual orientado al bienestar psicológico y a la adaptación  
funcional.  
En este sentido, el presente artículo pretende analizar los fundamentos teóricos de la  
Terapia de Aceptación y Compromiso y revisar la evidencia disponible acerca de sus  
aplicaciones en el ámbito clínico y comunitario. Este análisis pretende aportar al  
conocimiento del potencial de la ACT como un modelo de intervención integral, capaz  
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de ofrecer un abordaje contextual del sufrimiento humano y de los problemas asociados  
a la vida cotidiana.  
De igual manera, el estudio se inscribe en las líneas de vinculación con la sociedad de  
la Universidad Metropolitana, específicamente en el área de la promoción de la salud  
mental y el bienestar psicológico en escenarios comunitarios. En este sentido, los  
hallazgos de la revisión permiten sustentar teóricamente el diseño e implementación de  
intervenciones psicoeducativas y comunitarias basadas en la ACT, orientadas a  
poblaciones vulnerables del contexto ecuatoriano, favoreciendo la transferencia del  
conocimiento científico hacia la práctica social.  
2. Materiales y Métodos  
El presente estudio se realizó a través de una revisión narrativa de la literatura, con  
criterios explícitos de búsqueda, selección y análisis, orientado al análisis de los  
fundamentos teóricos de la ACT y sus principales aplicaciones clínicas y comunitarias.  
Se realizó una búsqueda bibliográfica en bases de datos académicos, como Scopus,  
Scielo, PudMed, Web of Science y Google Scholar, con el fin de identificar publicaciones  
relacionadas con el modelo ACT y la RFT.  
2.1. Se emplearon combinaciones de palabras clave como:  
Español: “Terapia de Aceptación y Compromiso”, “ACT”, “Teoría de los Marcos  
Relacional”, “Terapias contextuales”, “Flexibilidad psicológica”, “ACT  
aplicaciones clínicas”, “ACT intervención comunitaria”  
Inglés: “Acceptance and Commitment Therapy”, “ACT”, “psychological flexibility”,  
“Relational Frame Theory”, “ACT community intervention” “ACT clinical  
applications”  
2.2. Los términos fueron combinados mediante operadores booleanos (AND, OR)  
con el fin de mejorar la búsqueda.  
Como Los criterios de inclusión se tuvieron en cuenta: 1) Revisiones teóricas y  
empíricas, 2) Libros académicos especializados, 3) Estudios clínicos y comunitarios  
relacionados con ACT, 4) Publicaciones en cualquier idioma, 5) Artículos sin limitación  
de tiempo. Se excluirán documentos sin soporte académico, literatura no científica y  
publicaciones que no traten fundamentos conceptuales o aplicaciones clínicas-  
comunitarias de la ACT.  
El proceso de selección se realizó en tres etapas:  
1. Búsqueda electrónica para la identificación preliminar de fuentes.  
2. Revisión de títulos y resúmenes con el fin de valorar la pertinencia temática.  
3. Análisis de los textos elegidos.  
Finalmente, los estudios incluidos fueron analizados mediante un enfoque de síntesis  
temática, organizando la información en categorías teóricas relacionadas con:  
fundamentos filosóficos y contextuales de la ACT, aportes de la Teoría de los Marcos  
Relacionales, procesos de flexibilidad psicológica y aplicaciones clínicas y comunitarias  
del modelo.  
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El presente procedimiento permitió incorporar evidencia teórica y empírica relevante con  
el objetivo de proporcionar una visión contextualizada y actualizada sobre el desarrollo  
y alcance de la Terapia de Aceptación y Compromiso.  
El estudio no requirió evaluación por comité de ética al tratarse de una revisión  
documental sin participación directa de seres humanos.  
3. Resultados  
Los resultados de la revisión bibliográfica permitieron identificar los aportes teóricos y  
empíricos relacionados con la ACT, consolidándolo como uno de los modelos  
representativos dentro de las terapias contextuales-conductuales de tercera generación.  
A partir del análisis de los documentos seleccionados, organizamos los hallazgos en  
cuatro categorías temáticas: 1) Fundamentos teóricos y filosóficos de la ACT; 2) La  
Teoría de los Marcos Relacionales como base de la ACT; 3) Procesos de flexibilidad  
psicológica; 4) Aplicaciones clínicas y comunitarias de la ACT.  
3.1. Fundamentos teóricos y filosóficos de la Terapia de Aceptación y  
Compromiso  
3.1.1. Origen dentro de las terapias de tercera generación.  
La Terapia de Aceptación y Compromiso se enmarca en las llamadas terapias de tercera  
generación las cuales surgieron como una evolución de los modelos conductuales y  
cognitivos previos. Esta corriente retoma los principios del conductismo, pero integra  
una visión más contextual y centrada en la experiencia del individuo marcando una  
diferencia respecto a los enfoques tradicionales de modificación de conducta y  
reestructuración cognitiva (Hayes, et al., 1999; Pérez-Álvarez, 2014). El desarrollo de la  
ACT comienza a mediados de la década de 1980 cuando Steven C. Hayes y sus  
colaboradores exploran la relación entre el lenguaje humano, la cognición y el  
sufrimiento psicológico dando origen a la Teoría de los Marcos Relacionales (RFT,  
Relational Frame Theory) la cual proporcionó las bases experimentales y conceptuales  
para la construcción del modelo terapéutico (Hayes, 1984; Hayes, et al., 1999). Sin  
embargo, sus verdaderos orígenes se remontan al conductismo radical propuesto por  
Skinner (1938, 1953, 1957) y las investigaciones de Sidman sobre las relaciones  
equivalentes (1971 y 1994).  
En 1999 se publicó el primer manual clínico llamado “Acceptance and commitment  
therapy: An experiential approach to behavior change” de Hayes et al., (1999) mostrando  
como las intervenciones basadas en metáforas, paradojas y ejercicios experienciales  
permiten liberarse de las trampas del lenaguaje, modificar conductas y mejorar la  
satisfacción de vida general. Esto consolidó formalmente su estructura teórica y práctica  
dentro del campo de psicología conductual contemporánea.  
A partir de entonces diversos autores de habla inglesa como Hayes, Strosahl, Wilson,  
Barnes-Holmes, Luoma, Harris, etc. Y de habla hispana como Carmen Luciano,  
Francisco Ruiz, Marino Pérez-Álvarez, entre otros. Han contribuido a la expansión del  
modelo resaltando su fundamento en el conductismo funcional-contextual y su objetivo  
de promover la flexibilidad psicológica mediante procesos como la aceptación, difusión  
y la acción guiada por valores.  
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Finalmente, la Terapia de Aceptación y Compromiso se consolidó como una propuesta  
que integra principios filosóficos del conductismo radical con estrategias terapéuticas  
experimentales priorizando la relación entre el individuo y el entorno. Este enfoque no  
busca eliminar los pensamientos y emociones difíciles sino favorecer una relación más  
abierta y consciente con ellos, lo que constituye la esencia de su planteamiento original  
y marca su diferencia dentro de la evolución de las terapias conductuales modernas  
(Hayes et al., 2012; Talavera-Valentín, 2014; Hayes et al., (2012); Pérez-Álvarez (2014).  
3.1.2. Conductismo radical y enfoque contextual funcional.  
La ACT no nace como una técnica psicoterapéutica, sino como la aplicación clínica de  
una filosofía científica específica como es el contextualismo funcional, derivada del  
conductismo radical. Por lo tanto, comprender ACT implica, entender primero  
fundamentos epistemológicos.  
El conductismo radical, propuesto por Skinner, plantea que la psicología debe tener  
como objeto de estudio la conducta de los organismos, considerando eventos  
observables y privados. Estos comportamientos deben ser entendidos, comprendidos y  
sujetos bajo leyes ambientales. Entendiendo que las conductas solo pueden  
comprenderse analizando la relación entre el organismo y su contexto (Skinner, 1953).  
Posteriormente el análisis conductual evoluciona bajo una filosofía denominada  
contextualismo. La cual es propuesta originalmente por Pepper (1942), esta parte de la  
idea de que los seres humanos comprendemos la realidad a través de marcos  
interpretativos o hipótesis que otorgan sentido a nuestras experiencias. Dicha  
perspectiva adopta como metáfora central el acto-en-contexto, lo que significa que todo  
comportamiento o evento sólo puede entenderse plenamente si se analiza en relación  
con el contexto histórico y situacional donde este ocurre (Fox, 2006). Desde esta visión  
la verdad no se concibe como algo fijo o absoluto sino como una cualidad que surge de  
la utilidad práctica y del grado en que una explicación resulta funcional para interpretar  
y predecir los hechos.  
A partir de esta base, surge el contextualismo funcional, una filosofía de la ciencia  
desarrollada principalmente en el ámbito del análisis conductual. Este enfoque busca  
comprender la conducta en función de su contexto y de las consecuencias que lo  
produce distanciándose de explicaciones reduccionistas o puramente mecanicistas de  
los problemas humanos (Gifford & Hayes, 1999; Boone et al., 2015). Su objetivo es  
construir teorías y procedimientos que permitan predecir e influir en la conducta con  
aspectos como la precisión, alcance y profundidad conceptos característicos dentro del  
ámbito de análisis conductual.  
El contextualismo se apoya en una lógica semejante a la selección natural darwinista  
dónde las conductas se mantienen o se modifican en función de las contingencias de  
reforzamiento presentes en el entorno. De esta manera, el comportamiento se entiende  
como el resultado de una interacción continua entre el individuo y el ambiente en  
coherencia con los principios del conductismo radical de Skinner (1974/1994, 1981).  
Desde esta perspectiva, Gifford & Hayes (1999) resaltan que “se define a la conducta  
como aquellos eventos de carácter público o privado, aunque los contextos moldean la  
conducta y esta pueda ser la misma en distintas personas, la función que cumpla en  
cada una será totalmente diferente.” Es decir, el contextualismo funcional considera que  
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todo tipo de conducta tanto la observable como lo que ocurre dentro de la persona tiene  
un significado que depende del contexto. Por ejemplo, dos individuos pueden llorar, pero  
uno lo hace por tristeza y el otro por felicidad. Aunque el comportamiento de llorar parece  
igual, la función psicológica es distinta porque depende de la historia personal y el  
contexto único e individual. Por lo tanto, el contextualismo funcional sostiene que para  
comprender o modificar la conducta es fundamental considerar el contexto actual e  
histórico seleccionando aspectos relevantes con el fin de no perder la claridad en el  
análisis (Hayes, 1993; Fox, 2006; Hayes et al., 2014).  
3.1.3. Principios generales que diferencian la ACT de otras terapias.  
Dentro las principales diferencias podemos encontrar diversos aspectos. Primero el  
enfoque contextual-funcional del comportamiento, antes ya mencionado. El cambio en  
la relación con los eventos privados, la centralidad de la flexibilidad psicológica como  
objetivo terapéutico, que más adelante se abordará. Sin embargo, este apartado lo  
queremos direccionar al uso de estrategias experienciales y metafóricas como medios  
para generar aprendizaje conductual directo, más que cambios exclusivamente  
racionales o discursivos (Wilson y Luciano, 2002). Estas estrategias buscan debilitar el  
control literal del lenguaje y favorecer nuevas formas de interacción con la experiencia  
interna.  
Las metáforas, paradojas, ejercicios experienciales y valores son elementos  
fundamentales que la distinguen de otros enfoques. A diferencia de las terapias  
centradas en cambiar pensamientos, la ACT tiene la finalidad que el individuo observe  
su experiencia directamente comprendiendo las relaciones de su conducta, el contexto  
y las consecuencias (Carrascoso López, 2003). Las metáforas permiten expresar ideas  
o emociones mediante imágenes simbólicas facilitando la compresión de experiencias  
internas. En el ámbito terapéutico, ayudan a que la persona vea su situación desde otra  
mirada (Lakoff & Johnson, 1991; McCurry & Hayes, 1992). Una muestra de ello es la  
metáfora “estás navegando en una tormenta”, puede representar un momento de crisis  
emocional. Las paradojas son expresiones que, aunque parecen contradictorias invitan  
a la reflexión y promueven el cambio de pensamiento (Carrascoso López, 2003). Así,  
cuando se plantea que “para encontrar el control primero tienes que soltarlo”, se busca  
resaltar la importancia de la aceptación. Asimismo, los ejercicios experienciales  
permiten que la persona experimente sensaciones o emociones de forma directa en  
lugar de limitarse al diálogo (Carrascoso López, 2001). Por ejemplo, cerrar los ojos y  
recordar un momento de paz puede ayudar a reconectar con emociones positivas.  
Finalmente, los valores expresados mediante refranes o proverbios también son  
recursos útiles, ya que, transmiten enseñanzas morales y sabiduría popular (Carrascoso  
López, 2003). Tal es el caso del dicho “no hay mal que por bien no venga” se utiliza para  
promover la aceptación ante experiencias difíciles.  
3.2. La Teoría de los Marcos Relacionales (RFT) como base de la ACT  
Al hablar de la RTF tenemos que, presentar un marco filosófico el cual marca un punto  
general en dicha teoría, en el caso de la Teoría de los Marcos Relacionales (RFT) es el  
Contextualismo Funcional, este se desarrolla mediante un enfoque analítico-funcional,  
el cual permite analizar el comportamiento en términos de principios de aprendizaje  
(Luciano & Valdivia, 2006).  
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La primicia dada sobre la RFT es que una conducta se regula eventualmente por redes  
de relaciones aprendidas denominadas “marcos relacionales”. Así mismo, Hayes y  
Smith (2013) da un contexto sobre esto, señalando que, “Las relaciones constituyen el  
núcleo del lenguaje y de la cognición humanos y nos permiten el aprendizaje sin  
necesidad de tener una experiencia directa” (P:P. 33).  
En este sentido el aprendizaje humano no depende exclusivamente del contacto directo  
con las contingencias ambientales, sino de las redes relacionales previamente  
establecidas. Por ejemplo, si una persona ha aprendido que el fuego quema y que la  
estufa produce fuego, podrá deducir que la estufa quema sin necesidad de haber sufrido  
una quemadura. Ello muestra cómo es posible que las funciones emocionales y  
conductuales se transformen mediante relaciones verbales aprendidas.  
Con lo descrito anteriormente, dentro de la ACT la RFT desempeña un rol sobre el  
conocimiento y relación de las cosas/situaciones. Los humanos son seres relacionales,  
al momento de ver un objeto inmediatamente se encuentra relación con lo ya aprendido,  
es decir, se produce una imagen mental. Dentro de la ACT sucede algo parecido cuando  
estos procesos relacionales adquieren relevancia clínica a partir de determinadas redes  
verbales ejercen control rígido sobre el comportamiento. Pensamientos autocríticos  
como “soy inútil” o “no soy inteligente” no son problemáticos por su contenido literal, sino  
por la función que cumplen dentro del repertorio conductual del individuo, especialmente  
cuando generan evitación experiencial o restricción conductual. En consecuencia, la  
intervención terapéutica no se orienta a modificar la veracidad de dichos pensamientos,  
sino a alterar su función mediante procesos como la de fusión cognitiva y la aceptación,  
promoviendo una relación más flexible con los eventos privados y favoreciendo  
conductas coherentes con los valores personales.  
3.2.1. Relación entre lenguaje, cognición y sufrimiento psicológico.  
La RFT, se compone por la perspectiva relacional que se encuentra presente en nuestro  
diario vivir, desde las cosas más simples (relacionar un sonido con una imagen mental)  
hasta algo más complejo (relacionar vivencias del usuario como parte de un proceso de  
anticipación al dolor).  
Barnes-Holmes et al., (2005) mencionan que “el comportamiento relacional derivado es  
una operante generalizada que se aprende a través de una historia de entrenamiento  
con múltiples ejemplares en diversos ámbitos”. Es decir, que el lenguaje no es un innato,  
sino una conducta aprendida, el cual se desarrolla mediante la interacción social y  
exposición contextual. Se aprende a relacionar ideales como “qué es bueno y qué es  
malo” “antes y después”. Por medio de este aprendizaje, los individuos consiguen el  
establecimiento de relaciones arbitrarias entre palabras, objetos y vivencias, esto  
permite analizar la información recibida y comunicarse. Pese a esto, esta capacidad  
puede tener una respuesta adversa convirtiéndose en una fuente de sufrimiento  
humano.  
Los individuos debido al establecimiento relacional pueden asociar conductas o  
vivencias con vínculos verbales aprendidos (negativamente). Por ejemplo, cuando se  
asocia la idea de sentirse triste con la debilidad, considerando el pedir ayuda como una  
forma de incapacidad de controlarse, evocando emociones displacenteras, aunque los  
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hechos no sean reales. Desde este enfoque, el lenguaje, comprendido como un conjunto  
procesos relacionales, no solo refuerza la cognición y la comunicación con los demás,  
sino también construye pensamientos autocríticos que refuerzan el estímulo aversivo,  
en este caso el malestar emocional, y mantienen esta conducta.  
El sufrimiento psicológico no es dependiente de eventos externos, más bien, se maneja  
por medio de la percepción e interpretación en relación a la situación presentada, es  
decir, cómo se lo experimenta internamente. Muestra determinadas evaluaciones  
verbales cuando los individuos se encuentran absorbidos por sus pensamientos. Por  
ejemplo: “Sentirse triste es ser débil” esto puede transferir funciones aversivas a  
experiencias normales. En otras palabras, la emoción no es problemática en sí misma,  
sino el control conductual que ejercen las redes verbales que la vinculan con juicios  
negativos o consecuencias temidas.  
La relación lingüística derivada (Tristeza-sentimiento de ser débil) genera emociones  
invasivas, limitando una conducta (la necesidad de ser feliz todo el tiempo por cargo de  
conciencia). Aunque la RFT sea útil y fundamental dentro del lenguaje, el cual es la  
conducta más importante, y la cognición, si la persona no reconoce la diferenciación  
entre los pensamientos y el actuar, puede llegar a etiquetarse y mentalizarse con  
aspectos negativos de sí mismo.  
3.2.2. Cómo la RFT sustenta los procesos de cambio terapéutico.  
Los procesos de cambio terapéutico propuestos por la Terapia de Aceptación y  
Compromiso encuentran su fundamento experimental en la Teoría de los Marcos  
Relacionales (RFT), la cual conceptualiza el lenguaje y la cognición humana como  
repertorios de respuesta relacional aprendidos cuya función depende del contexto en el  
que ocurren. Desde este punto de vista, el cambio no se encuentra ligado únicamente  
de erradicar pensamientos o emociones disfuncionales, sino busca trabajar su  
funcionalidad por medio de conceptos como aceptación, de fusión y el actuar por medio  
de valores.  
Como menciona Hayes (2004), la ACT y la RFT no se guía por la “verdad” de los  
pensamientos, más bien, se centra en su funcionalidad dentro del diario vivir, usándolo  
de manera prudente por medio de sus valores. Bajo la perspectiva del contextualismo  
funcional, la conducta y el significado psicológico son comprendidos como  
consecuencias del contexto en el que mantienen contacto, por ello, los pensamientos  
tienen relevancia en función a sus contingencias contextuales. El objetivo es que los  
individuos aprendan a mirar sus eventos internos desde un punto más flexible,  
asimismo, la ACT promueve que el individuo acepte sus experiencias internas sin  
necesidad de reprimir, actuando con base a sus valores y comprendiendo que el  
malestar puede presentarse dentro de la vida, pero no tomar las riendas de ello.  
Las intervenciones terapéuticas basadas en aceptación y de fusión cognitiva buscan  
alterar dicho control verbal, permitiendo que los eventos privados estén presentes sin  
determinar necesariamente la acción. De este modo, el objetivo terapéutico consiste en  
ampliar la flexibilidad conductual, favoreciendo que el comportamiento del individuo se  
oriente hacia valores personales relevantes aun en presencia de malestar psicológico.  
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3.3. Procesos de flexibilidad psicológica  
La flexibilidad psicológica constituye uno de los pilares de la ACT y esta a su vez es  
definida la capacidad de contactar plenamente con el momento presente y persistir o  
cambiar el comportamiento en función de objetivos y valores personales (Hayes,  
Strosahl & Wilson, 1999). Otra conceptualización podría ser la planteado por Hayes et  
al., (2006) que explica la flexibilidad psicológica como la implicación a responder a las  
demandas situacionales de manera sensible al contexto y guiada por contingencias  
actuales más que por reglas verbales rígidas o evitación experiencial. Finalmente  
tomando una descripción desde la aproximación al proceso transdiagnóstico podríamos  
decir que es la capacidad de mantener en contacto con experiencias internas mientras  
se ajusta el comportamiento de acuerdo con metas significativas (Kashdan y  
Rottenberg, 2010)  
Inicialmente, en la ACT se desarrollan aspectos mencionados como “procesos de  
flexibilidad psicológica”, el cual se encuentra compuesto por: aceptación, defusión,  
contacto con el presente, yo como contexto, valores y acción comprometida. Tomando  
en cuenta su clasificación, primero se debe tener en claro el papel que la ACT  
desempeña.  
Dentro del modelo ACT, Samperio (2023) señala que la condición actual del individuo  
constituye un elemento central para la promoción del cambio conductual durante el  
proceso terapéutico. Desde esta perspectiva, la eficacia de la intervención no depende  
exclusivamente de la aplicación de técnicas específicas, sino del grado en que la  
persona desarrolla disposición para entrar en contacto con sus experiencias internas y  
participar activamente en conductas orientadas hacia valores personales.  
Dicho de otra forma, la ACT puede aplicarse en diversos contextos clínicos y  
comunitarios; sin embargo, su implementación requiere la adecuada comprensión de  
sus principios teóricos y procesos terapéuticos, así como la formulación de objetivos  
coherentes con las necesidades del consultante. El cambio terapéutico emerge, por  
tanto, de la interacción entre las estrategias clínicas empleadas y la apertura del  
individuo hacia nuevas formas de relacionarse con su experiencia psicológica.  
3.3.1. Aceptación, de fusión, contacto con el presente, yo como contexto, valores  
y acción comprometida  
Cada uno de los procesos implicados en la rigidez psicológica tiene un proceso  
alternativo para alcanzar la flexibilidad psicológica. Dentro de estos procesos  
encontramos:  
Tabla 1.  
Procesos de la rigidez psicológica  
Procesos de la rigidez psicológica  
Fusión cognitiva  
Proceso en el que los pensamientos adquieren un papel  
predominante en la regulación del comportamiento, llegando a  
influir en la acción como si reflejaran hechos objetivos. En estos  
casos la conducta suele organizarse alrededor del contenido  
(Literalidad con el  
contenido cognitivo)  
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cognitivo, reduciendo la sensibilidad del individuo a las demandas  
reales del contexto, manteniendo patrones conductuales que  
pueden resultar desadaptativos (Hayes, Barnes-Holmes & Roche,  
2001).  
La evitación experiencial se da cuando la persona trata de alejarse  
o controlar de forma activa sus eventos internos que considera  
desagradables, evitando entrar en contacto con emociones,  
pensamientos o recuerdos que producen malestar. Si bien estas  
respuestas pueden producir alivio momentáneo, suelen  
convertirse en patrones de conducta duraderas porque escapar  
del malestar funciona como un reforzador inmediato, dificultando  
su extinción y limitando la adaptación psicológica a largo plazo  
(Hayes et al., 1996).  
Evitación experiencial  
Se puede observar una pérdida de contacto con atención del  
momento presente cuando la atención del sujeto queda atrapada  
en procesos de análisis, preocupación en procesos de análisis,  
preocupación o rumiación, lo que dificulta la experiencia directa  
del aquí y ahora o rumiación, lo que dificulta la experiencia directa  
del aquí y ahora. Este El patrón rígido de atención suele  
mantenerse a través de intentos continuos por comprender o  
resolver cognitivamente el malestar, dirigiendo la mente hacia el  
pasado o el futuro y alejando a la persona de la experiencia  
inmediata (Hayes et al., 2011).  
Ausencia del  
momento presente  
El Yo conceptualizado se puede entender como el producto de la  
historia de aprendizaje verbal del individuo, sobre todo en los  
procesos de denominación, categorización y valoración que se  
desarrolla en el seno de la comunidad verbal. Estas interacciones  
sirven para que las personas construyan descripciones de sí  
mismas que toman la forma de narrativas personales  
relativamente estables. Muchas veces las personas acaban por  
identificarse con estos relatos y actúan de acuerdo con las  
cualidades, denominaciones o juicios que han aprendido a  
reconocer en sí mismos.  
Yo conceptualizado  
Desde este punto de vista, la identidad personal se organiza  
alrededor de historias sobre “quién soy”, que se mantienen gracias  
al reforzamiento social de la coherencia narrativa. La  
comunicación verbal promueve la coincidencia entre lo que la  
persona afirma ser y lo que se observa de su conducta, lo cual  
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puede reforzar la fijación a una autoimagen establecida. Si bien,  
este proceso contribuye a la estabilidad del autoconcepto, puede  
limitar la flexibilidad psicológica, ya que promueve patrones rígidos  
de comportamiento y formas de autoevaluación que dificultan el  
cambio conductual (Hayes, Barnes-Holmes & Roche, 2001; Wilson  
& Luciano, 2002).  
La quiebra o desconexión de valores ocurre cuando la persona  
pierde claridad o contacto con aquellas direcciones vitales que  
otorgan sentido y propósito a su comportamiento. En estas  
condiciones, la conducta deja de estar guiada por elecciones  
personales significativas y pasa a organizarse principalmente en  
función de la evitación del malestar, la reacción ante demandas  
externas o la búsqueda de aprobación social. Como  
Desconexión de  
consecuencia, pueden establecerse patrones conductuales  
caracterizados por la pasividad, la espera o la complacencia hacia  
el entorno, lo que contribuye a una sensación persistente de vacío  
o falta de significado personal. Desde la perspectiva de la Terapia  
de Aceptación y Compromiso, esta desconexión limita la  
orientación conductual hacia acciones valiosas y favorece el  
mantenimiento de la rigidez psicológica (Hayes, Strosahl & Wilson,  
1999; Wilson & Luciano, 2002).  
valores  
La inactividad y la impulsividad constituyen patrones conductuales  
orientados a reducir o escapar de estados internos aversivos.  
Mientras la inacción se manifiesta en la evitación o postergación  
de conductas relevantes, la impulsividad implica respuestas  
dirigidas al alivio inmediato del malestar. Aunque aparentemente  
opuestas, ambas comparten la función de disminuir  
Inactividad e  
impulsividad  
temporalmente el contacto con experiencias internas difíciles,  
limitando la acción guiada por valores y favoreciendo la rigidez  
psicológica (Hayes, Strosahl & Wilson, 1999; Hayes et al., 2011).  
Nota: Elaborado por los Autores  
De este modo presentamos los componentes del Hexaflex (Figura 1) para alcanzar la  
flexibilidad psicológica. 1) Aceptación/V/Evitación: La aceptación se centra en aspectos  
emocionales de las experiencias. Refiere a un espacio para permitirse experimentar  
eventos sin juzgar, sin anclarse mentalmente con ellos. Es estar abierto, receptivo y  
flexible. 2) Defusión/V/Fusión: Ver las conductas privadas como cosas que suceden, no  
como verdades. 3) Presente/V/Pasado y futuro: Prestar atención /a lo que está  
sucediendo de manera centrada, voluntaria y flexible. 4) Yo contexto/V/Yo contenido: El  
yo como contexto nos permite entender el yo como un proceso y como un lugar presente  
sin juzgar los acontecimientos que pasen (El aquí y ahora). 5) Valores/V/Falta de  
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valores: Los valores son decisiones encaminadas y elegidas libremente, implican pautas  
para cumplir y alcanzar lo valioso en la vida. 6) Acción comprometida/V/Inacción:  
Compromiso con las pautas de conducta, materializar en el presente los valores  
(Blackledge & Hayes, 2001; Vargas Madriz & Ramírez Henderson, 2012; Ruiz, 2010).  
Figura 1.  
Modelo Hexaflex de la flexibilidad psicológica en la Terapia de Aceptación y  
Compromiso.  
Aceptación  
Difusión  
Presente  
Flexibilidad Psicológica  
Yo contexto  
Acción  
comprometida  
Valores  
Nota: Adaptado de Hayes, Strosahl y Wilson (1999, 2011).  
3.3.2. Su relevancia en contextos clínicos y comunitarios.  
En contextos clínicos y comunitarios, la flexibilidad psicológica se identifica como un  
factor clave para promover conductas saludables direccionadas hacia el bienestar y la  
prevención. Aguirre-Camacho & Moreno-Jiménez (2017) prueban que dicha flexibilidad  
psicológica presenta influencia incluso antes del diagnóstico de enfermedades crónicas  
como el cáncer. Las personas con mayor índice de flexibilidad psicológica tienden a  
enfrentar eventos internos (pensamientos, emociones aversivas) sin aislar el contacto  
con ellas, lo que permite actuar en conjunto de sus valores. Por ejemplo, la asistencia a  
exámenes preventivos de mamografía. Personas que presentan bajo nivel de flexibilidad  
psicológica evitan los eventos internos presentados, generando un bajo rango de  
adaptación hacia las conductas preventivas, aun si las consecuencias pueden ser  
negativas. Esto pone en evidencia la importancia de promover la flexibilidad psicológica  
en diversos ámbitos.  
3.3.3. Aplicaciones clínicas y comunitarias  
La ACT ha demostrado una amplia efectividad en el ámbito clínico, puesto que, como  
se ha expresado anteriormente tiene como objetivo central fomentar la flexibilidad  
psicológica permitiendo que la persona adopte una actitud abierta ante sus  
pensamientos y emociones reduciendo la lucha interna y favoreciendo la acción  
coherente con sus valores personales. Diversas investigaciones confirman su utilidad  
en este tipo de problemáticas. Por ejemplo, desde el ámbito clínica se ha aplicado  
exitosamente en casos de trastorno de angustia con agorafobia (Carrascoso, 1999),  
trastorno de pánico (López, 1999) y ansiedad generalizada (Huerta et al., 1998; Jácome-  
Morejón, 2025). Estos estudios muestran cómo la ACT ayuda a reducir la evitación  
emocional y a fortalecer la capacidad de afrontar las sensaciones que provocan en el  
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usuario un temor intenso. Asimismo, se han obtenido resultados positivos en el  
tratamiento de trastornos obsesivo-compulsivos (Twohig et ál., 2010) y fobia social  
(Ossman et ál., 2006; Mattikoppa et al., 2025), donde la terapia fomenta que el paciente  
reconozca sus pensamientos intrusivos o temores sin intentar suprimirlos permitiendo  
así una exposición más consciente y menos rígida a las experiencias que antes eran  
evitadas. En el caso de los trastornos de pánico se ha evidenciado también una mejoría  
significativa al integrar la aceptación con el fin que puedan implementar técnicas de  
afrontamiento (Carrascoso & Valdivia, 2009).  
De igual manera, la ACT ha mostrado efectividad en problemáticas más complejas como  
los trastornos psicóticos donde ha contribuido a reducir los síntomas y las tasas de  
rehospitalización (Bach & Hayes, 2002; García & Pérez, 2001). Estos resultados  
sugieren que la flexibilidad psicológica no solo permite modificar la relación con los  
pensamientos o emociones perturbadoras, sino también generar una distancia  
saludable respecto a los contenidos mentales facilitando una mayor estabilidad  
emocional. La evidencia clínica también respalda su uso en otros trastornos  
emocionales como la depresión (Dougher & Hackbert, 1994; Zettle & Raines, 1989;  
Kong et al., 2025; Zou, 2025) y el duelo complicado (Luciano & Cabello, 2001),  
trastornos de ansiedad al promover la aceptación de las reacciones emocionales y el  
compromiso con la experiencia presente mediante el acompañamiento de los valores  
personales, metáforas, paradojas características fundamentales de la ACT (Pérez,  
1996; Penubarthi et al., 2025).  
Finalmente, los resultados de distintos estudios señalan que la ACT promueve un  
cambio radical en la relación con la experiencia interna, más que una mera reducción  
sintomática. Bajo este enfoque, el tratamiento se orienta a que la persona desarrolle una  
relación más abierta, compasiva y funcional con su malestar, que es la base de la  
flexibilidad psicológica y del bienestar psicológico (Wilson & Luciano, 2002; Hayes et al.,  
1999).  
3.4. Aplicaciones comunitarias y preventivas  
La literatura científica reciente evidencia un crecimiento sostenido en la aplicación de la  
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) fuera de los contextos clínicos  
tradicionales, extendiendo su implementación hacia entornos comunitarios, educativos,  
laborales y de promoción de la salud mental. Diversos estudios han señalado que la  
ACT constituye una intervención adecuada para contextos comunitarios debido a su  
enfoque transdiagnóstico y a su énfasis en el desarrollo de la flexibilidad psicológica  
como recurso adaptativo frente a condiciones de estrés psicosocial (Twohig & Levin,  
2024).  
En el contexto comunitario laboral, numerosos ensayos clínicos aleatorios han  
confirmado que las intervenciones fundamentadas en ACT reducen considerablemente  
los niveles de estrés psicológico, agotamiento emocional y síntomas de ansiedad en  
trabajadores del sector sanitario y grupos ocupacionales sometidos a elevadas  
demandas emocionales. Estos resultados indican que la ACT potencia más los procesos  
preventivos que los meramente terapéuticos, constituyéndose en una estrategia eficaz  
de promoción de la salud mental colectiva. Programas implementados en modalidad  
presencial y digital han demostrado mejoras en bienestar psicológico, compromiso  
laboral y regulación emocional, mediadas principalmente por aumentos en la aceptación  
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experiencial y el contacto con el momento presente (Prudenzi et al., 2022; Zhang et al.,  
2024). Los resultados indican que la ACT potencia más los procesos preventivos que  
los meramente terapéuticos, constituyéndose en una estrategia eficaz de promoción de  
la salud mental colectiva.  
De forma análoga, investigaciones realizadas en contextos educativos han demostrado  
resultados positivos en población adolescente y universitaria. Intervenciones grupales  
basados en modelos derivados de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), tales  
como el programa DNA-V, han demostrado mejoras significativas en la reducción de  
síntomas de ansiedad y estrés académico, así como mejoras en las habilidades para  
afrontar situaciones psicológicas y en la toma de decisiones basadas en los valores  
personales (Ruuska et al., 2025). Estos hallazgos avalan la viabilidad de la propuesta  
de modelo contextual conductual en tempranos procesos preventivos, colaborando con  
el fortalecimiento de competencias psicológicas en poblaciones no clínicas.  
La evidencia también apunta a un uso cada vez mayor de ACT en intervenciones  
dirigidas a comunidades vulnerables, como migrantes, cuidadores familiares o grupos  
sujetos a condiciones de exclusión social. Vahabi et., (2022) encontraron que programas  
basados en aceptación y compromiso, a través de estudios piloto y ensayos  
comunitarios, fomentan la resiliencia psicológica, reducen el estigma asociado a  
problemas de salud mental y fortalece el sentido de agencia personal y comunitaria. En  
estos escenarios, la orientación a valores y la acción comprometida facilitan procesos  
de empoderamiento psicológico que trascienden la mera reducción de la sintomatología  
individual.  
Los resultados revisados en conjunto evidencian que la ACT no sólo es eficaz en el  
tratamiento individual de trastornos psicológicos, sino que también es un modelo viable  
para intervenciones comunitarias orientadas a la prevención, la promoción de la salud  
mental y el fortalecimiento del funcionamiento psicosocial. La flexibilidad psicológica  
emerge de forma consistente como el mecanismo central que explica la mejora en la  
adaptación individual y colectiva, consolidando a la ACT como una aproximación  
coherente con los enfoques contemporáneos de salud mental comunitaria.  
3.4.1. Uso de la ACT en contextos educativos, sociales y de salud pública.  
El ACT es usado en diversos ámbitos contextuales. Dentro del ámbito educativo, social  
y de salud pública, esta terapia resulta ser una herramienta funcional en intervenciones  
de grupo, especialmente enfocadas al consumo de sustancias. Dicho consumo suele  
mantenerse debido a patrones de evitación experiencial, ocasionando un “escape de la  
realidad” consumiendo sustancias ilícitas y por ende recibiendo una satisfacción  
momentánea. Luciano et al. (2010) comentan que, en un abordaje grupal, la ACT  
permite abordar la problemática de consumo mediante variables como aceptación del  
sufrimiento, defusión cognitiva que refuerzan pensamientos disfuncionales acerca del  
consumo, asimismo, la búsqueda de valores como orientador a decisiones  
correspondientes a metas importantes de la persona. Un ejemplo oportuno a estos  
contextos es el de una joven el cual utilizaba cannabis para mejorar su manejo de  
ansiedad y temor al fracaso provocada por las exigencias académicas, desempeñando  
problemáticas como: evitación de responsabilidades (clases) y espacios sociales  
(Luciano et al., 2010).  
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De acuerdo con el caso previamente analizado, la Terapia de Aceptación y Compromiso  
(ACT) busca identificar la función del consumo de sustancias “cannabis”, en este caso  
usado como escape y reconocer los patrones de evitación, poniendo en práctica  
conductas flexibles mediante respuestas ante la problemática presentada. Se tiene en  
cuenta que la ACT representa una herramienta importante en varios contextos,  
centrándose en el ámbito educativo, genera abordajes funcionales frente a conductas  
mantenidas por lo mencionado anteriormente “evitación experiencial”, asimismo como  
sucede con la procrastinación académica (Delgado Ferré et al., 2025).  
Estas conductas se sostienen debido a emociones disfuncionales asociadas con el  
pánico al fracaso, perfeccionismo o desorientación al realizar tareas, generando  
cadenas de conductas rígidas que influyen en el rendimiento y bienestar del estudiante  
(Plouffe et al., 2020; Rozental et al., 2022). Basándose en la teoría detallada  
previamente, se presentará un ejemplo dentro del ámbito educacional: estudiante  
universitario que posterga de forma repetida la entrega de tareas debido al temor de no  
encajar en la normativa de perfección incluyendo la creencia de “no ser lo  
suficientemente inteligente”, incrementando su sintomatología ansiosa, reforzando su  
conducta procrastinadora e intensificando su evitación (Schraw et al., 2007; Sirois et al.,  
2017).  
Tomando como referencia los casos analizados, la ACT busca la manera de identificar  
la variable que refuerza la problemática, es decir, dentro de los dos casos se identifican  
pensamientos disfuncionales correspondientes al temor al fracaso, el cual mantiene la  
conducta representada en consecuencias tales como: consumo de sustancias  
relacionado con el método de escape de la realidad y procrastinación como parte de  
evitación al fracaso académico. Como análisis final, la ACT dentro de grupos focales,  
intenta que el individuo comprenda el pensamiento aversivo que genera la consecuencia  
(emociones, conductas y pensamientos negativos) y fortaleciendo estrategias  
correspondientes a la flexibilidad psicológica.  
4. Discusión  
Los hallazgos de la presente revisión confirman que la Terapia de Aceptación y  
Compromiso (ACT) se sustenta en un marco teórico sólido basado en el contextualismo  
funcional y la Teoría de los Marcos Relacionales, posicionándose como un modelo  
coherente dentro de las terapias conductuales contemporáneas. En línea con la  
evidencia revisada, la flexibilidad psicológica emerge como el principal mecanismo de  
cambio (Hayes et al., 2006; Kashdan & Rottenberg, 2010) , permitiendo comprender la  
intervención más allá de la reducción sintomática y orientándola hacia la modificación  
funcional de la relación con los eventos privados.  
Los enfoques cognitivo-conductuales tradicionales (Pérez-Álvarez, 2014; Hayes, 2004)  
intentan modificar el contenido del pensamiento, mientras que la ACT trata de cambiar  
su función, lo cual supone un cambio importante en la conceptualización del malestar  
psicológico. Este El enfoque, además, se alinea con el carácter trans diagnóstico del  
modelo (Twohig & Levin, 2024), dado que se puede aplicar a una variedad de trastornos  
y contextos, lo que refuerza su utilidad dentro de intervenciones basadas en procesos.  
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El ámbito aplicado, los resultados apuntan que la ACT, no sólo es eficaz en contextos  
clínicos, sino que tiene un gran potencial en contextos comunitarios y preventivos  
(Prudenzi et al., 2022; Vahabi et al., 2022), especialmente poblaciones expuestas a  
condiciones de vulnerabilidad psicosocial. la coloca como una herramienta adecuada  
para la promoción de la salud mental en los contextos latinoamericanos, donde se  
requieren modelos flexibles, accesibles y que se adaptan a la cultura.  
Sin embargo, esta revisión tiene limitaciones relacionadas con su enfoque narrativo, lo  
cual puede conllevar a sesgos en la selección de los estudios. De igual manera, se hace  
evidente la escasa producción empírica en contextos latinoamericanos, lo cual restringe  
la posibilidad de generalizar los hallazgos. Al Respecto, futuras investigaciones  
deberían dedicarse a valorar la eficacia de la ACT en colectivos específicos de la región  
y en escenarios comunitarios (Twohig & Levin, 2024), afianzando de este modo su  
veracidad intercultural y su aptitud para las políticas de salud mental.  
5. Conclusiones  
Esta revisión narrativa examina los fundamentos teóricos y las aplicaciones prácticas de  
la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y su prominencia como modelo líder en  
las terapias conductuales contextuales modernas. El Análisis de la literatura científica  
confirma que la ACT se sustenta en un sólido marco filosófico que se basa en el  
contextualismo funcional y en el conductismo radical, e incorpora los hallazgos  
empíricos de la Teoría del Marco Relacional (TMR) para explicar la influencia del  
lenguaje, la cognición en la aparición y mantenimiento del malestar psicológico.  
Los resultados indican a la flexibilidad psicológica como mecanismo principal de cambio  
terapéutico, facilitando una comprensión de la intervención psicológica más allá del  
alivio sintomático convencional. Desde este punto de vista, la ACT promueve cambios  
funcionales en la relación que las personas tienen con sus experiencias internas,  
facilitando la adopción de conductas acordes con sus valores aun cuando esto suponga  
sufrir emocionalmente. Es un cambio de paradigma con relación a aquellos que se  
centran exclusivamente en la regulación o erradicación de pensamientos y emociones  
que resultan desagradables.  
La aplicación de la ACT a contextos comunitarios, educativos, laborales y de salud  
pública demuestra su potencial para la prevención y la promoción. Las intervenciones  
grupales y digitales basadas en la aceptación y el compromiso han demostrado ser  
eficaces para mejorar el bienestar psicológico colectivo, la resiliencia y el  
empoderamiento individual y social, estableciendo la flexibilidad psicológica como un  
recurso adaptativo pertinente para afrontar los retos psicosociales actuales.  
Esto no permite concluir que la Terapia de Aceptación y Compromiso representa un  
modelo de tratamiento acorde a los avances de la ciencia conductual contextual actual,  
que combina precisión teórica y utilidad práctica en los distintos niveles de intervención.  
Se reconoce la necesidad de mejorar la investigación empírica en los contextos  
latinoamericanos, para ampliar su validación cultural, evaluar su eficacia en diversos  
grupos y consolidar su incorporación a los programas públicos de salud mental.  
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