1. Introducción
La transformación digital del sector salud ha permitido mejorar significativamente la
gestión de la información clínica mediante la implementación de sistemas de historias
clínicas electrónicas (HCE). La Organización Mundial de la Salud reconoce que la
digitalización sanitaria representa uno de los pilares fundamentales para el
fortalecimiento de los sistemas de salud a nivel global (World Health Organización,
2021), sin embargo, la digitalización de la información médica también ha incrementado
la exposición de los sistemas de salud a amenazas cibernéticas, convirtiendo a las
instituciones médicas en objetivos prioritarios de ataques informáticos.
IBM Security (2023) reporta que el costo promedio de una brecha de datos en el sector
sanitario supera los USD 10 millones, siendo el más elevado entre todos los sectores
analizados por doceavo año consecutivo, esta situación es consistente con lo señalado
por Kruse et al. (2017), quienes documentaron que las amenazas cibernéticas en el
sector salud han crecido sostenidamente y representan un riesgo crítico para la
continuidad operativa de las instituciones médicas.
La información contenida en las HCE representa un activo crítico por su alto valor
médico, legal y administrativo (Lian, 2020).
Entre las amenazas más frecuentes se encuentran ataques de ransomware, accesos
no autorizados y fugas de información (Kortján et al., 2023). La Agencia de la Unión
Europea para la Ciberseguridad confirma que el sector sanitario continúa siendo uno de
los más afectados por incidentes de seguridad a nivel global (ENISA, 2023). En el
contexto latinoamericano, muchas instituciones operan con infraestructuras
tecnológicas heredadas y controles de seguridad limitados (Sendelj & Ognjanovic,
2022). La seguridad de los datos clínicos en entornos digitales exige una combinación
de controles perimetrales y mecanismos de cifrado robustos (Urquijo Morales et al.,
2023; Sivan & Zukarnain, 2021).
En la República Dominicana, el Ministerio de Salud Pública ha establecido la
digitalización de los servicios de salud como prioridad dentro de su Estrategia Nacional
de Salud Digital 2022–2030 (Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana,
2022), sin embargo, investigaciones en el contexto latinoamericano evidencian que la
adopción de HCE en instituciones de tamaño medio frecuentemente no va acompañada
de controles de seguridad adecuados (Pérez & Gómez, 2020).
La adopción de marcos como ISO/IEC 27001 y el Marco de Ciberseguridad del NIST
permite fortalecer la gestión de la seguridad mediante controles técnicos,
organizacionales y procedimentales (ISO/IEC, 2022; NIST, 2020). Alasmary y Alshaikh
(2021) señalan que los desafíos de ciberseguridad en sistemas de salud requieren
soluciones integrales que combinen controles tecnológicos con una cultura
organizacional orientada a la seguridad. Bada et al. (2019) destacan que las campañas
de concientización son un complemento necesario para que los controles técnicos sean
efectivos. Ahmad et al. (2021) sostienen que las organizaciones que adoptan estrategias
de seguridad multi-capa logran reducir significativamente su exposición a incidentes.
Investigaciones en el ámbito nacional evidencian que la protección de las HCE requiere
una combinación de controles tecnológicos, políticas organizacionales y mecanismos
de monitoreo continuo (Godoy Veas, 2025).