estas empresas no tienen capacidad de respuesta ante una exigencia inmediata del
órgano regulatorio tributario y pudieran manejar un flujo de caja débil, confundiendo el
dinero destinado para pago de impuestos, con flujos positivos de caja. Específicamente
el 40,5% de las empresas consultadas se entera de los problemas cuando ya han
cometido los errores, porque al no tener un departamento interno de tributo reaccionan
mediante la asesoría esporádica al problema tributario. Mientras que el 29,7% tiene altas
probabilidades de cierre o quiebra técnica por no tener conocimiento y capacidad de
respuesta ante el problema.
Respecto de las prácticas de cumplimiento y planificación se tiene que, aunque el 75,7%
de los encuestados afirma que la planificación tributaria se integra en la toma de
decisiones financieras, la falta de herramientas formales sugiere que esta integración
es empírica. También se encontró que el 73% realiza un análisis de impacto fiscal antes
de las operaciones relevantes y el 59,5% utiliza proyecciones fiscales para estimar la
carga futura. Esto sugiere una planificación con visión limitada y sin intensiones de
beneficiarse de la Ley, sino mas bien acorde a una cultura de cumplimiento.
Con respecto a la formalización del plan, a pesar de la intención estratégica, el 32,4%
de las empresas reconoce no contar con un plan tributario formal y documentado, lo que
constituye una debilidad estructural frente a la Administración Tributaria.
Administrativamente esto significa que no hay expectativas respecto de los tributos que
se pagan y tampoco indicadores a alcanzar, porque no hay planificación formal que así
lo exija.
Dentro de la identificación de contingencias fiscales, el hallazgo más alarmante es que
el 89,2% de las empresas no tiene documentados sus procesos fiscales. Esto significa
que la gestión tributaria solo se queda en la asesoría del agente externo y realmente no
se practica en la empresa, esto trae como consecuencia desde lo operativo, que haya
una fuga de conocimiento al cambiar las personas de puesto, porque no hay
documentos que respalden la gestión, así como ineficiencia en los tiempos al momento
de cargar en los libros porque no hay una tarea estandarizada, por último, los criterios
para clasificar los gastos pueden variar porque no hay documentos de base.
Considerando la perspectiva estratégica, esta cifra evidencia que, aunque hay
planificación tributaria en documentos, realmente no existe en la práctica, ni siquiera
empíricamente, esto frente a inversionistas en una señal de alerta que resta valor de
manera intangible a la empresa.
Por otro lado, respecto del monitoreo y auditoria, solo el 54,1% posee procedimientos
para controlar contingencias. A pesar de la complejidad del sistema, solo el 59,5% del
personal recibe capacitación continua sobre cambios normativos. Operativamente esto
significa que hay una propagación constante de los errores que ya existen en el
tratamiento de la gestión fiscal, asimismo, se acumulan las contingencias porque no se
ven, esto significa que las multas e intereses moratorios no aparecen en el balance
hasta que se le fiscaliza a la empresa. Por último, estratégicamente es evidencia de falta
visión, considerando que una empresa que no capacita a las personas no puede
innovar.
Respecto del impacto de las contingencias fiscales e incentivos, el 59,5% de las PYMES
mantiene provisiones para contingencias fiscales cuando hay incertidumbre, lo que
indica un nivel de previsión financiera moderado, sin embargo, esto significa también