1. Introducción
El ausentismo laboral representa un problema relevante en las instituciones de salud
debido a su impacto directo en la productividad, la eficiencia organizacional y la calidad
de la atención brindada a los pacientes. Este fenómeno se entiende como la ausencia,
ya sea voluntaria o involuntaria, del personal de enfermería durante sus jornadas
laborales, y puede estar condicionado por diversos factores de índole individual,
organizacional y contextual, tales como la sobrecarga de trabajo, condiciones laborales
desfavorables y sistemas de compensación inadecuados. La evidencia científica señala
que el ausentismo no solo genera costos económicos significativos para las
instituciones, sino que también compromete la continuidad del cuidado, incrementa la
carga laboral del personal presente y produce un efecto acumulativo que deteriora la
calidad de los servicios de salud (Chen et al., 2025; Díaz Ledesma et al., 2018).
El personal de enfermería constituye el grupo profesional más numeroso en los entornos
hospitalarios y desempeña un rol esencial en la prestación de los servicios de salud.
Sus funciones trascienden la atención directa, abarcando actividades preventivas,
educativas y de cumplimiento de protocolos clínicos orientados a garantizar la seguridad
del paciente (Díaz Ledesma et al., 2018; El-Ashry, 2025). La prestación continua del
servicio, durante las 24 horas del día y a lo largo de todo el año, junto con la exposición
constante a riesgos laborales, hace imprescindible el desarrollo de estrategias de
gestión del talento humano que favorezcan la motivación, reduzcan la fatiga y
contribuyan a disminuir el ausentismo.
El desempeño laboral del personal de enfermería es considerado un indicador clave de
la productividad hospitalaria. Diversos estudios evidencian que factores como la
escasez de recursos humanos, la elevada demanda asistencial, la limitada
disponibilidad de insumos y las condiciones inadecuadas del entorno laboral inciden
negativamente en la eficiencia del equipo de enfermería. Asimismo, variables como el
burnout, la fatiga emocional y la presión psicológica, especialmente en áreas críticas,
han demostrado una asociación significativa con el ausentismo y el presentismo,
afectando tanto el bienestar del profesional como la calidad del cuidado proporcionado
(Heistad et al., 2022; Santos et al., 2022; Zhang et al., 2025).
En este contexto, el clima organizacional se posiciona como un elemento determinante
en la prevención del ausentismo y en la optimización del desempeño laboral. Ambientes
de trabajo que promueven un liderazgo participativo, una comunicación efectiva, el
reconocimiento del desempeño y la inclusión en la toma de decisiones favorecen la
satisfacción laboral y reducen la rotación y las ausencias (Hossny et al., 2023; Li et al.,
2025; Poku, 2025). Por el contrario, estructuras organizacionales rígidas, con estilos de
gestión autoritarios o escaso apoyo institucional, incrementan la probabilidad de
ausentismo y disminuyen el compromiso del personal (Wang et al., 2024; Zhou, 2025).
Frente a estas problemáticas, la evaluación del desempeño se ha consolidado como
una herramienta estratégica en la gestión del personal de enfermería. La aplicación de
metodologías de evaluación multisource, como los modelos de 270° y 360°, permite
obtener una valoración integral del desempeño mediante la incorporación de diversas
perspectivas, incluyendo la autoevaluación, la opinión de pares, supervisores y
usuarios. Esto facilita la identificación de fortalezas, áreas de mejora y oportunidades de
desarrollo profesional. La literatura respalda que el uso de estas herramientas